A pocas semanas del plebiscito de salida del proceso constituyente, el mundo político condiciona sus alternativas a su eventual resultado. Sin duda, una tercera derrota consecutiva sería problemática para las apuestas del bloque político oficialista, mientras que en la oposición un resultado negativo tendría un efecto menos gravitante. Por otro lado, un triunfo en el plebiscito daría un respiro a la centro izquierda y la posibilidad de planificar y apostar en mejor escenario las próximas elecciones y la administración. De igual forma, un escenario de victoria en diciembre proyectaría a la derecha y especialmente a los republicanos a apuestas más decididas para avanzar hacia los poderes locales y La Moneda. Es por lo anterior que el ambiente de campaña para las próximas elecciones de alcaldes, concejales, gobernadores y consejeros regionales está aún retrasado e importantes decisiones aún no se toman, con el riesgo y la tentación de “cocinar” estrategias al margen de las bases de apoyo.
Viejas estrategias como el cuoteo, el que tiene mantiene, pactos por omisión o designaciones a dedo, vuelven a tomar fuerza en los pasillos y reuniones de los partidos oficialistas. De esta forma, promesas como nunca más sin participación de las bases y la ciudadanía o primarias a todo evento empiezan una vez más a ser olvidadas. Bajo la excusa que la unidad requiere sacrificios, en donde todos se sientan y estén representados, la cocina de los partidos prepara sus nuevas recetas. No importará el cuestionamiento de las bases a la gestión, lo lejano que estén los candidatos a los valores, principios o tradiciones de los partidos de la alianza, sólo importará que todos tengan su cuota de poder.
Todo hace pensar que el excesivo retraso de la agenda electoral de los partidos oficialistas tiene relación con imponer la opción de negociar ante cualquier vía de resolución democrática para dirimir las candidaturas. Si se considera que las primarias de gobernadores y alcaldes deberían ser la primera quincena de junio de 2024, a esta fecha al menos ya deberían estar convocando a un proceso de inscripción a los eventuales candidatos, para dar paso a dirimir primero dentro de los propios partidos, y luego ver quienes podrían llegar a la primaria legal. De eso ni un atisbo, y tal parece que se esperará a marzo para decidir cuáles serán las vías y mecanismos para ver quien nos representará en las próximas elecciones.
Lo único acordado hasta ahora es que se procurará la mayor unidad de la centro izquierda desde la Democracia Cristiana hasta el Partido Comunista, con una única candidatura en las instancias unipersonales. Cómo se logre ello es aún un misterio, así como la posibilidad de ir en una o varias listas en el caso de los cuerpos colegiados.
En esta región los partidos de centro izquierda hemos dicho varias veces no al centralismo y hemos optado por mecanismos democráticos de elección de nuestros candidatos. Ya el 2016 nos opusimos a la tesis del que tiene mantiene y organizamos primarias convencionales para oponernos a un alcalde altamente cuestionado por su gestión. En la última elección municipal, en un hecho inédito en Chile los partidos regionales de oposición, independiente de la falta de unidad a nivel nacional, logramos tener una única candidatura alcaldicia, a través de una primaria convencional, que conllevaba un pacto por omisión que respetó la elección. De igual forma ocupamos la herramienta de la primaria legal para dirimir nuestro candidato a gobernador. Cuando hay convicciones se puede.
Desde esta tribuna hago un llamado a los partidos políticos oficialistas a no esperar instrucciones desde Santiago y generar los acuerdos que permitan el máximo de democracia y unidad en la elección de nuestras candidaturas a las próximas elecciones de alcaldes y gobernadores. Nunca más en la cocina, nunca más sin los independientes, nunca más alejados de las bases y la ciudadanía.