Ayer el Presidente Sebastián Piñera salió a tratar de dar otra señal para aquietar las aguas del estallido social que explotó el 18 de octubre pasado. Realizó un cambio de gabinete con un notorio giro al centro y con un acento muy marcado -incluso en el discurso del Mandatario- en la edad de los nuevos ministros: “cuarenta y tantos”. Y lo señaló de forma enfática el Jefe de Estado como recalcando que hay una verdadera renovación exigida por la ciudadanía entre las demandas que mantienen por más de diez días a manifestantes en las calles de todo nuestro país.
Pero la gente igual salió a las calles y de forma violenta, con incendios intencionales y saqueos en Santiago y algunas otras capitales regionales. El cambio de gabinete sin duda que no será la última jugada desesperada que deba hacer Piñera, porque aún se extraña una real medida contra la desigualdad social que hay en el país. Ayer, llamó la atención la apuesta de Gonzalo Blumel en el Ministerio del Interior en reemplazo de Andrés Chadwick, que era obvio que saliera. No obstante, temprano había trascendido que su reemplazante sería Felipe Ward, quien finalmente aterrizó en la Segpres.
El cambio se caracterizó por privilegiar figuras jóvenes —la mayoría de 40 y tantos— y de tendencia política más moderada. Y ahí encaja plenamente el cambio de Blumel (Evópoli, de 41 años) por Chadwick (UDI, de 63). Quizás una de las pocas personeras de gobierno ganadoras con este conflicto ha sido Karla Rubilar. Ayer se ratificó ello con su designación como vocera, en reemplazo de Cecilia Pérez, a la que para muchos se le “premió” al designarla en Deportes. Se extrañó la ratificación de Gloria Hutt en Transportes, Jaime Mañalich en Salud. También era esperable un nombramiento en Educación. No obstante todo lo anterior, ayer en la tarde y en la noche las movilizaciones continuaron. Las demandas se mantienen y pese a que en Punta Arenas se apreció algo de normalidad en las calles, aún estamos lejos de volver al orden y a la sana convivencia.