Mi temprana decisión en torno al rechazo al segundo proceso constituyente se basó en 2 objeciones, la primera en torno a que aquellos que estaban cuestionados se arrogaran el derecho a decidir sobre el proceso constituyente sin considerar la voluntad popular, llegando al extremo de acordar los limites sobre qué se podrá discutir, y, segundo, porque el tiempo entre un proceso y otro, es tan asfixiante que no permite madurar y políticamente las verdaderas razones por lo cual Chile requiere una nueva Constitución.
Hoy día mi redefinición por rechazar se ve reforzada al observar el contenido de las enmiendas aprobadas en comisiones, que no sólo la convierten en una constitución partisana, con los mismos errores que se observaron en la Convención, como el maximalismo y el atrincheramiento ideológico imponiendo mayorías, sino porque, además, Chile Vamos ha intentado, -aunque con poca gana y convicción-, ser intermediarios entre los republicanos y el oficialismo, pero ha terminado sin identidad arrastrados hacia la extrema derecha.
Una especie de arroz graneado, crudo, apelotonado y escaso, más preocupada del escenario electoral que del Chile futuro. Como resultado, los republicanos han ejercido su mayoría en el Consejo, con apoyo de Chile Vamos, sin contrapeso y logrando aprobar una serie de enmiendas muy lejanas a las demandas que justificaron la necesidad de una nueva Constitución. Una constitución sólo para ellos y las ideologías de privilegios que defienden.
En los últimos días el Consejo Constitucional ha tenido largas jornadas de votación en torno a cientos de enmiendas que buscaban modificar o precisar el anteproyecto de la Comisión de Expertos. Mi opinión es que muchas de las enmiendas aprobadas son un claro retroceso para nuestra sociedad, pero para que usted juzgue les comento algunas de las más polémicas:
a) Objeción de Conciencia Institucional. En la práctica implica que diversas instituciones podrán negarse a cumplir políticas públicas, en área de salud o educación, a pesar de recibir financiamiento estatal.
b) Excepción de Contribuciones Primera Vivienda. En la práctica la gran mayoría de los hogares de Chile no pagan impuesto por su casa, por tanto, la enmienda favorece sólo a familias de mayores ingresos.
c) Bienes Nacionales de uso público serán susceptibles de concesión. En la práctica es la privatización encubierta de bienes nacionales como el agua, playas, puentes, caminos o plazas.
d) Eliminación del Estado Social y Democrático de Derecho. Lo que era parte del acuerdo fue eliminado en comisiones.
e) Institución que administre sus ahorros previsionales y los fondos que se generen. La enmienda aprobada constitucionaliza a las AFP. Y tantas otras enmiendas en materias de salud, educación y medio ambiente.
Por otro lado, resulta preocupante algunas de las enmiendas rechazadas, tales como:
a) Composición paritaria de las cámaras que conforman el Congreso Nacional.
b) Toda persona es titular de derechos sexuales y reproductivos.
c) Derecho a cuidar y ser cuidado.
d) Protección del Estado a los animales.
e) Iniciativa popular que reconocía a las personas con discapacidad como sujetos de derecho.
f) Asegurar derecho al no sometimiento/desaparición forzada, ejecución extrajudicial, tortura, exilio, o relegación.
g) Responsabilidad del Estado de enfrentar el Cambio Climático, entre otras.
En un escenario distinto al actual, el Presidente Boric declaraba “cualquier resultado será mejor que una Constitución escrita por cuatro generales”; sin embargo, es oportuno precisar que una Constitución regresiva en términos de derechos, alejada de las demandas de la mayoría de los chilenos y chilenas, que magnifica las actuales injusticias sociales, y que en la práctica es peor que la actual, no puede ser validada. Yo rechazaré, pero no abandonaré la lucha por una Constitución más justa y moderna.