De
seguro que cuando se contó el último voto de aquella noche del 25 de
octubre del 2020, tras el arrollador triunfo de la opción Apruebo con un
78% versus el 22% del Rechazo de quienes queríamos una nueva
Constitución, ninguno de nosotros pensó que el camino para llegar a una
nueva Carta Magna para Chile iba a ser tan dificultoso con miras a lo
que será el plebiscito de salida del próximo 4 de septiembre.
Decimos
dificultoso por todas las polémicas y hechos que acontecieron durante
la elaboración del texto, situaciones conocidas por la ciudadanía que no
vale la pena recordar, pero que en cierto modo no han ayudado a tener
un clima armónico como esperábamos, lo que ha llevado a perdernos en el
debate; peor aun, que hoy nos tenga divididos entre “los buenos y los
malos”, que si votas como yo eres bueno, de lo contrario eres malo,
antipatriota, facho, etc,, descalificaciones que no ayudan en absoluto a
lo que debe ser una fiesta ciudadana y democrática con miras al
plebiscito de salida.
En
la historia de Chile han existido diez textos constitucionales (1811,
1812, 1814, 1818, 1822, 1823, 1828, 1833, 1925 y 1980), así como un
proyecto de constitución federal en 1826 que no llegó a buen puerto. Si
bien el actual texto que hoy está sometido al plebiscito de salida marca
una gran diferencia con todos los textos anteriores, pues fue redactado
por una Asamblea Constituyente elegida democráticamente y mandatada
para tales efectos por la ciudadanía, hoy no concita el apoyo que
debiera tener, al menos así lo dicen las encuestas.
No
solo las encuestas reflejan que estamos frente a un texto que no
satisface la opinión y la mirada de millones de chilenos, muchos no
están conformes con su contenido, entre ellos los expresidentes Lagos,
Frei y la ex presidenta Bachelet, quien dijo: “No es perfecta, mas se
acerca a lo que yo siempre soñé”, lo que se suma a las palabras de los
exmandatarios, quienes manifestaron sus reparos al texto.
Es
que, en verdad, más allá de la postura que democráticamente tiene cada
chileno y chilena, el texto no concita el apoyo que debiera tener.
Prueba de ello es que, con el paso de las semanas y los días, la postura
de muchos que defendían el texto, al cual por ningún motivo había que
hacerle modificaciones si era aprobado, ha ido cambiando, han matizado y
armonizado su discurso y han dicho que hay que evaluar.
Ha
sido el propio Presidente de la República quien el día lunes recién
pasado llamó a los sectores del oficialismo a sentarse a conversar y
acordar modificaciones: “He conversado con los presidentes de partidos
respecto a este punto en particular, no veo una dificultad para llegar a
un acuerdo, creo se está dando un debate que enriquece, en donde hay un
consenso transversal entre quienes quieren una nueva Constitución de
que el proyecto se puede mejorar y hay una discusión sobre cuáles son
los contenidos específicos en aquello. Pero veo una voluntad compartida
de las dos coaliciones de impulsar un proceso de mejoras”, expresó.
En
consecuencia, y sabiendo que tanto el sector del Apruebo como de
quienes están por el Rechazo han manifestado su interés e intención de
hacer modificaciones al texto a partir del 5 de septiembre para tener
una nueva Constitución, es importante que su voluntad se cumpla, que sus
declaraciones no solo sean para concitar el voto ciudadano y que
después a la luz del resultado cambien de opinión, eso no sería bueno
para la democracia y para la política chilena, que hoy no goza de buena
salud.