El fracaso del grupo
OPEP para acordar un aumento en la oferta de petróleo ha impulsado los
precios del crudo a su nivel más alto en al menos tres años. El Brent,
usado como referencia internacional, alcanzó US$ 77,84 el barril, el
punto más alto desde 2018, mientras que el West Texas Intermediate de
Estados Unidos llegó a US$ 76,98, su máximo desde 2014. El grupo está de
acuerdo en la necesidad de aumentar la producción de petróleo, ya que
la demanda ha comenzado a superar la oferta. Pero Emiratos Árabes, uno
de los miembros más poderosos del grupo después de Arabia Saudita y
Rusia, se ha opuesto a extender un acuerdo forjado por primera vez en
abril del año pasado, cuando los precios del petróleo estaban cayendo, a
menos que los demás miembros le permitan modificar la manera en que
calcula su meta de producción. Esto puede parecer una objeción menor
cuando el grupo quiere aumentar la oferta de todos modos, pero los
Emiratos han invertido miles de millones de dólares en aumentar su
capacidad de producción y considera que la llamada línea de base
utilizada para calcular su objetivo está desactualizada y no refleja esa
nueva capacidad, lo que significa que está recortando proporcionalmente
más oferta que otros integrantes.
El
grupo había planeado aumentar la producción en 400 mil barriles diarios
cada mes hasta al menos el final de este año, agregando 2 millones de
barriles diarios mercado, deshaciendo gradualmente el enorme recorte de
10 millones b/d acordado en medio de la conmoción del año pasado. Sin un
acuerdo, la opción predeterminada es dejar la producción
sin cambios, lo que significa un mercado de petróleo más ajustado en la
segunda mitad de este año, a medida que aumenta la demanda. Muchos
bancos pronostican que los precios subirán fácilmente por encima de US$
80 por barril, más de 50% desde enero y por encima de donde cotizaban
antes de la pandemia. El gran riesgo es que, si este desacuerdo sigue
sin resolverse, socavará la cohesión del grupo y hará que los
productores comiencen a ignorar los objetivos de producción. En un
escenario extremo, esto podría incluso conducir a una guerra de precios,
como en marzo del año pasado, cuando Arabia Saudita abrió los grifos
después de estar en desacuerdo con Rusia sobre cómo responder a la
pandemia. En resumen, como unos pocos tienen el control del petróleo a
nivel mundial, estamos a merced de la maldita especulación, que solo
busca lo mejor para unos pocos.
En
la otra vereda, las energías renovables no convencionales avanzan en
silencio. Si nuestras autoridades fueran más agudas en su análisis,
optarían por rebajar los impuestos, incentivar el recambio y adaptar
rápidamente las leyes, todo esto para acceder a autos, motos, mini buses
y en general móviles eléctricos, logrando tres objetivos fundamentales:
reducir las emisiones de CO2, producto de los combustibles fósiles;
reducir el costo de vida del país y los riesgos de inflación asociados
al incremento de los precios y finalmente terminar con la dependencia de
precios de la OPEP+EE.UU.