Tras
el triunfo inicial de José Antonio Kast, surgió a través de Twitter, el
eufórico saludo de José Piñera, quien espera que en el balotaje se
derrote a Gabriel Boric, el campeón del comunismo, y sostiene que éste
sería el tercer milagro, el primero habría sido la gran reforma
económica e implementación de las medidas de libre mercado, el segundo
se produjo con el impulso de medidas para sortear la crisis, en los años
70 y 80, y el tercer milagro chileno sería la elección de José Antonio
Kast. José Piñera, efectivamente es autor de estos milagros, entre
ellos está la creación del sistema de AFP, y el Plan Laboral. Ahora, los
chilenos tienen que decidir en segunda vuelta si quieren el retorno a
los milagros, entre ellos un Estado más pequeño, reducción de los
impuestos e incremento del gasto social. Por cierto, todo depende del
cronista que recopila y comenta los milagros.
Para los creyentes, los milagros son una manifestación extraordinaria
de Dios, mediante un hecho sensible que ningún agente creado puede
producir. Estas reformas no fueron milagros, fueron obra de los
hombres en dictadura, donde no hubo oposición, consulta ni participación
de los trabajadores. Efectivamente, su ejecución, en un laboratorio
llamado Chile, importó la jibarización del Estado, la reforma de la
salud, pensiones y la libertad de contratación, haciendo del trabajador
un producto en el mercado, modificándose sin contrapeso el Código del
Trabajo.
El nuevo campeón de la libertad, según José Piñera, nos ofrece más
de lo mismo, y el empresariado corre raudo en su auxilio, señalando que
en realidad esta votación importa que la Convención Constituyente es muy
“extrema”, que todo debe retornar al camino del crecimiento económico,
favoreciendo el impulso creador, ojalá sin sueldos mínimos, negociación
colectiva, ni más gasto previsional.
Los milagros ochenteros no han sido capaces de multiplicar los
panes, ni sanar a los enfermos, y sólo alcanzó para que una minoría incrementara sus privilegios.
Por el contrario, la superación de los milagros costó sangre, sudor y
lágrimas, y se logró gracias a una coalición política formidable, en
que primó el buen criterio y la capacidad de un retorno gradual a
mayores niveles de bienestar y justicia social, que significó una
disminución sustancial de la extrema pobreza. En manos de los
milagreros esto no habría ocurrido, seguiríamos esperando el chorreo,
goteo o lágrimas de sangre consecuencia de los milagros.
El apoyo de Yasna Provoste, Carmen Frei y Ricardo Lagos, a la
candidatura de Gabriel Boric, trae un respiro a la segunda vuelta, a un
resultado que será ajustado, para un movimiento social en que lo
fundamental será el rescate del proceso constituyente, que se originó en
un plebiscito que permitió la participación libre y mayoritaria del
pueblo, donde finalmente la Constitución será la expresión de las
diversas ideologías y tendencias que coexisten en nuestra sociedad.
Todas las demás expectativas de cambios profundos y radicales, en cuatro
años, son definitivamente inviables, en un sentido o en otro, máxime en
tiempos de post-pandemia.
En este difícil contexto político e institucional, el eufórico saludo de José Piñera, parece más bien un
salvavidas de plomo para el candidato republicano, pues es un
recordatorio a todos los trabajadores de Chile, que tienen una o varias
causas en común, gracias a José Piñera. Así, mejor no ayude a su
candidato compadre.