No me pregunte a mí…

Muchos
vecinos y muchas más vecinas de Punta Arenas me preguntan, en la calle,
la plaza, en el consultorio o en el supermercado, acerca de la
situación de nuestro querido y golpeado Chile.

Y
a través de esta columna que, cada lunes me regala este prestigioso
medio de comunicación, trataré de resumir algunas de mis respuestas,
contra preguntando, como el buen periodista que dicen que soy: (muy
agradecido).

Y les digo, no me pregunte a mí, pregúntele a un camionero si con el precio del litro de combustible, puede seguir trabajando.

Y no me pregunte a mí si el dólar sigue subiendo, pese a los anuncios de intervención “acotada” del Banco Central.

Y no me pregunte a mí, consulte a las dueñas de casa si con la plata de ayer podrá comprar la misma canasta mañana.

Y
no me pregunte a mí, converse con las víctimas de la delincuencia, a
ese matrimonio asaltado, robado y golpeado en su propia casa de Punta
Arenas… igualito que en Santiago, Alto Hospicio, Iquique y Antofagasta.

Y
no pregunte a mí, consuele a los padres de un carabinero asesinado por
un delincuente o a la familia de los acribillados o acuchillados en
plena calle o en sus hogares a manos de sicarios, a todas luces
extranjeros (y no soy xenófobo, es la realidad) o a los padres de niños
pequeños muertos por “una bala loca”.

Y
no me pregunte a mí pregúntele a los vecinos que no pueden dormir en
paz porque los ruidos de los escapes libres de coches en manos de
irresponsables, literalmente, no los dejan, pese a la presencia de
efectivos policiales y seguridad ciudadana.

¿Y a quién o quiénes se les pide respuesta?

En
primer lugar a un gobierno desconectado de la realidad, incapaz hasta
de reconocer que en la Araucanía existe narco terrorismo y sólo mira de
soslayo los efectos de las acciones de la delincuencia común o de los
cárteles extranjeros en Chile.

Después, deberá responder los políticos, las policías, los tribunales y las demás autoridades, creo yo…

Pero
en definitiva, deberemos responder todos, desde los padres, los
profesores y tanto organismo que planifica, gasta y no arroja resultados
reales en muchas cosas que lo requieren con urgencia en muchos aspectos
de nuestra vida diaria.

Y
si me pregunta a mí, otra vez, qué hacer en el plebiscito de salida, le
digo que soporte la ofensiva del intervencionismo del régimen que mal
administra nuestro país por estos días; utilice bien el “bonito” que
busca congraciarlo con los votantes; aguante a las cotorras y a los
papagayos oficialistas; respete y reconozca a los que cruzaron la vereda
desde la izquierda frente amplista – comunista y rechace la propuesta
del mamotreto boliviano: esa es la mejor respuesta a las preguntas que
me hicieron

Y
no escribo más porque en un rato, vuelve a subir el precio del aceite,
del pancito, del azúcar, de los huevos y de las frutas y de las
verduras… y no pregunto ni por la carne, el pollo o el pescado…

Con
tanto engaño, con tanta voltereta y tanto culpar a los escenarios
bélicos por allá por Europa, uno puede pensar que hasta el ajo chilote
lo estamos comprando en Ucrania…. Por qué? No me pregunte a mí…..

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