En
agosto próximo se cumplen 27 años del “terremoto blanco”, aquel
fenómeno climático que provocó una de las mayores catástrofes en la
Región de Magallanes y Antártica Chilena. En esa ocasión todas las
actividades de Puerto Natales fueron afectadas por las peores
condiciones climáticas en más de medio siglo. Última Esperanza quedó
aislada por cortes de ruta en varios puntos debido a los voladeros de
nieve, mientras en Punta Arenas cuadrillas municipales removieron
toneladas de escarcha y en provincias argentinas vecinas se decretó
estado de alerta. Fue catastrófico, fue algo que afectó a todos los
habitantes de una u otra manera. El forraje almacenado para situaciones
de malas condiciones meteorológicas comenzó a escasear rápidamente y las
ovejas y vacunos fueron atrapados bajo metros de nieve. Se estima que
en la Región de Magallanes y Antártica Chilena murió en promedio el 20%
del ganado ovino, y en zonas de la isla grande de Tierra del Fuego las
pérdidas alcanzaron el 80%. Las pérdidas fueron millonarias,
incalculables, dicen algunos ganaderos al recordar el hecho. Además hubo
muchos damnificados y numerosas casas dañadas por el peso de la nieve
acumulada en sus techumbres. Ahora, la pregunta que deberá responder el
Gobierno es ¿estamos preparados en Magallanes para soportar nuevamente
un fenómeno como este? Hoy contamos con mayor tecnología y hay muchos
fenómenos climáticos que se pueden prever, pero nadie hasta hoy se
atreve a adelantar algo. Chile como gran parte del mundo está viviendo
el cambio climático y la pregunta que también debemos hacernos es si
estamos preparados para ello. Aún no sabemos qué nos va a deparar un
invierno que aún no comienza.