No olvidar

Esta pandemia nos ha llevado a sacar varias conclusiones. Y no solo desde el punto de vista sanitario, que mención aparte, las cifras nos mantienen en el tapete nacional por el alto número de contagiados que no baja por ninguna parte. Pero eso es para otro tema.

Esta semana en la Cámara de Diputados, aprobamos un proyecto de ley de mi autoría que sanciona las agresiones en el marco de una relación (que no necesariamente tiene que ser dentro del pololeo) sino que, bajo cualquier circunstancia, creando un apéndice de la llamada Ley Gabriela que sanciona el femicidio dentro de una relación sentimental.

Es un avance claramente porque cuando vemos que en nuestra región los casos de agresiones han aumentado dentro de la crisis que tenemos por el encierro derivado del Covid 19, permite ciertamente el poder normar este tipo de hechos. La falta de trabajo, los problemas económicos derivado de ello, el mismo encierro obligatorio son factores que pueden derivar en cambios importantes en la conducta de las personas.

No quiero justifica ni mucho menos, sino que sólo poner en atención el problema que no puede ser dejado de lado a la hora que nosotros las autoridades, tengamos que ser mucho más drásticos en sancionar – pero también prevenir – cualquier hecho anormal en marco de una relación entre personas, independiente del género.

También el drama que están viviendo muchos adultos mayores a raíz de esta pandemia, no lo podemos dejar de lado ni hacernos los loco. El anuncio de la emblemática casa de reposo del Hogar de Cristo en Punta Arenas es un hecho que nos tiene que poner en alerta. Una residencia que fue inaugurada en el año 1987 en el marco de la visita del papa Juan Pablo II, podría generar un problema con una treintena de adultos mayores que viven ahí.

Claro, nos dijeron que efectivamente esos adultos mayores serían trasladados, pero ¿a dónde? ¿en qué condiciones? Son dudas que tenemos en este minuto y que aún no sabemos la respuesta. No podemos olvidar a aquellos que están en la última etapa de su vida y eso me preocupa de sobremanera.

Esta pandemia no les permite desarrollar su vida a normal a aquellos que estamos en nuestra vida activa laboral y familiar. Entonces no es muy difícil imaginar qué pasa con aquellos que ya entregaron todo por su familia, la sociedad y el país y que, con total justicia, merecen estar descansando y disfrutando de sus últimos años.
A ellos debemos orientar todas nuestras fuerzas.

Hay que reorientar nuestros esfuerzos y ser mucho más duros en las medidas que aplicaremos para disminuir de alguna forma este aumento explosivo de contagios asociados al Covid 19, porque eso rebota sin lugar a dudas, en nuestros adultos mayores y en quienes se ven violentados por los problemas que está generando este encierro.

Pasamos de estar casi desconfinados a ser los “iconos nacionales” de los contagios por lo que debemos redoblar todo tipo de medidas, aunque sean exageradas. Sectores de nuestra sociedad no pueden pagar los platos rotos de irresponsables que no miden las consecuencias de no cumplir las medidas mínimas de cuidado.
Lo más importante: no dejemos de lado estos temas y también preocupémonos de la violencia generada entre cualquier relación de personas y de nuestros adultos mayores, ya que el dejarlos de lado, también es una violencia indirecta que, como sociedad, estamos llevando a cabo.

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