Cuando
se busca un cambio constitucional, lo primero que se debe tomar en
consideración es que el nuevo texto sea un factor de unión para todos,
no uno que genere divisiones; eso lamentablemente nunca lo entendieron
los políticos, menos aun quienes oficiaron como convencionales, los que
intentaron crear una Constitución ideológica y contraria al sentir de
los chilenos, que desde un principio, lejos de llevar a la unidad
nacional, lo que hacía era dividir aun más al país.
Las
constituciones exitosas en el mundo se caracterizan por ser textos
relativamente cortos, textos de unidad nacional, textos no ideológicos y
que por lo mismo sirvan a los distintos gobiernos que se sucedan, cual
no era el caso de la propuesta que fue rechazada, que era tremendamente
larga, ideológica y que desde la mal llamada plurinacionalidad generaba
casi de entrada división en el país, olvidando derechamente lo que es el
país y cómo se formó, porque parte de la riqueza de Chile es que como
país está formado sin raza definida, por una mixtura entre los
descendientes de las distintas inmigraciones que llegaron a nuestro
territorio nacional, los descendientes de nuestros pueblos originarios o
ancestrales y un profundo mestizaje; pero la rechazada propuesta, entre
otras cosas, vulnerando el principio de igualdad ante la ley,
simplemente discriminaba a quien no fuera parte de un pueblo originario.
Estoy de acuerdo en que estos pueblos deben ser reconocidos, su cultura
se debe preservar y se debe fomentar su desarrollo, pero sin
discriminar a los demás integrantes de la gran NACIÓN CHILENA, que
aunque algunos la quieran desconocer, existe, está dotada de un
territorio en que los chilenos nacimos, crecimos y que lo queremos; la
nación chilena está llena de hermosas tradiciones, valores y cultura que
le son propios y eso no se puede borrar porque un texto lo diga: Baste
ver algo simple, trivial y que quizá alguien que se crea intelectualoide
hasta considere estúpido, pero cuando juega nuestra selección chilena
en el Estadio Nacional, la camiseta que todos llevamos es una misma y de
un solo color, da lo mismo si el que está al lado es moreno, rubio,
alto o bajo, si se llama Cheuquepil, Von Bishophausen, González,
Mansilla, Mamani, Venturelli o Biskupovic, todos enarbolamos la misma
bandera y todos tenemos un solo grito: Chile, Chile… y ante un gol todos
nos abrazamos sin importar si el del lado viene de Las Condes o de La
Pintana, del norte o del sur, si es de Arica, de Santiago o de Punta
Arenas, porque solo una cosa importa, somos todos chilenos y lo que
importa es Chile. Y la gran votación que obtuvo la opción Rechazo fue
que la gente está muy lejos de buscar algo que los divida, sino que
todos queremos una sola cosa: la unidad nacional, Un Chile, una bandera,
un pueblo, el pueblo chileno.
Ahora
bien, los políticos que no traten de secuestrar para ellos el triunfo
del Rechazo, porque quien lo logró no fueron los partidos, sino las
organizaciones civiles, de modo que tengan en cuenta que no hay apuro ni
en crear nuevas constituciones ni en reformar la actual, que conforme a
lo dispuesto en el artículo 142, ante el rechazo de la propuesta, sigue
vigente, porque lo que se haga se debe hacer bien y no extenderse a
aspectos que no son propios de las constituciones, debiendo tenerse en
cuenta primero que todo que toda Constitución tiene un objetivo
fundamental, que es limitar, restringir el poder del Estado y no el de
la gente, porque cada vez que se le da poder al Estado, se les están
quitando derechos y libertades a las personas, y eso es del todo
contrario a los principios básicos del constitucionalismo. Una
Constitución lo que debe contener es solo la organización del Estado, la
forma de su gobierno y un fuerte catálogo de garantías
constitucionales; es decir, los derechos fundamentales de las personas y
las acciones destinadas a defender estos derechos, precisamente en
contra del poder del aparato estatal.