Notas y alertas rojas

“La democracia no puede tener éxito a menos que los votantes se encuentren preparados para elegir sabiamente. Por lo tanto, la verdadera salvaguardia de la democracia es la educación” dijo el expresidente de los Estados Unidos Franklin Delano Roosevelt. Nelson Mandela, por su parte, sostenía que “la educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo”.

Al igual que ellos, creo firme y profundamente en el rol fundamental de la educación en la construcción de una sociedad libre y democrática, con progreso y movilidad social. Por lo mismo, considero que los malos resultados del SIMCE que se dieron a conocer esta semana nos deben poner en alerta roja.

Los efectos negativos que la pandemia del Covid-19 ha tenido en la educación mundial han sido tan devastadores como las cerca de 7.000.000 de vidas que ha cobrado esta enfermedad. Según la UNESCO, cerca de 1.500 millones de estudiantes dejaron de asistir a clases en el año 2020 debido a restricciones gubernamentales. América Latina ha sido una de las regiones más afectadas por los cierres de colegios. Según el Banco Mundial, que ha acuñado el término “pobreza educacional”, nuestra región ha tenido el mayor deterioro en índices de comprensión de lectura entre los años 2019 (donde el 50% de los niños de 10 años no era capaz de comprender un texto simple) y 2022 (donde esta cifra se eleva a un lamentable 80%, ubicándonos en el penúltimo lugar del mundo, superados solo por el África subsahariana). El mismo Banco Mundial estima que la pérdida de clases se traducirá en menores ingresos por cerca de 21 trillones de dólares (alrededor del 17% del PIB mundial actual) para la generación afectada por la brecha educativa.

Aunque los resultados son terribles, no son sorprendentes. Mal que mal, el punto de comparación es el Simce del año 2019, el cual fue tomado cuando Chile era un “oasis de tranquilidad” antes de las masivas suspensiones de clases que tuvimos como consecuencia del estallido social y la pandemia. Tampoco sorprende que siga existiendo una importante brecha en resultados según niveles socioeconómicos, que en esta ocasión se vio reforzada por la mayor conectividad que tenían las familias con mayores ingresos para tener clases online. 

Si bien entiendo que el Simce es una foto tomada en un momento determinado, que no puede captar todos los componentes relevantes de una educación integral, creo que no tomarse muy en serio estos malos resultados sería tan grave como no haberse tomado en serio la pandemia. Y así como las vacunas fueron clave para dejar atrás las cuarentenas, el regreso a las aulas donde se enseñen contenidos es fundamental para combatir la “pobreza educativa”. 

Desde un punto de vista político, es muy tentador criticar al Colegio de Profesores por su renuencia a volver a las clases presenciales (expresada en muchas ocasiones durante la pandemia) o a quienes acusaron constitucionalmente al Ministro Raúl Figueroa por sus esfuerzos para retomar la presencialidad. Sin embargo, como chileno que anhela vivir en un país que progrese, todo lo que pido es que exista una verdadera y profunda reflexión para determinar las medidas que se deben tomar para revertir esta preocupante tendencia.

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