Hace
un par de semanas el señor alcalde anunció la realización de la versión
número XL del Festival Folclórico en la Patagonia, después de un año de
suspensión debido a la pandemia. El festival se realizará desde el 27
al 29 agosto de manera presencial con aforo reducido en el Teatro
municipal y transmitido por televisión y plataformas online vía
streaming. Una forma alternativa, de acuerdo a las circunstancias, para
mantener vigente una de nuestras principales expresiones de nuestro
patrimonio cultural y poder llegar con el trabajo de nuestros artistas a
cada hogar magallánico y ojalá más allá. Sin embargo, una vez más y
como en años anteriores, esta versión no está exenta de polémica.
Es
lamentable que la organización del evento se haga a espaldas de
nuestros gestores culturales, como así lo han denunciado. Cuando el Sr.
alcalde anuncia las bases del festival de manera inconsulta a la
Comisión de Cultura de la Municipalidad, a la Corporación del Folclore y
a los gestores culturales da la impresión de que hay una apropiación
del patrimonio magallánico para intereses personales, abusando de su
cargo. Con ello surgen una serie de interrogantes acerca de las
adjudicaciones de iluminación, sonido o trasmisión, que lamentablemente
son hechos recurrentes y se prestan para diversas interpretaciones que
perjudican y empañan la realización del festival.
En
este impasse es válido preguntarse cuáles son los objetivos que
persigue la XL versión del Festival Folclórico en la Patagonia. El
festival tuvo su origen como un punto de encuentro para compositores y
artistas
folclóricos magallánicos y chilenos, y posteriormente y en adelante
como un evento de integración entre artistas y gestores culturales de la
Patagonia chileno-argentina. El festival siempre ha sido más que un
show, ha sido una forma visibilizar, fomentar y relevar las artes y
cultura de este punto del planeta con una mirada integradora, creando
identidad y de paso prestigio. Por otro lado, en tiempos de pandemia
debería considerarse que la actual pandemia ha causado fuertes
limitaciones y detrimentos a todas las actividades artísticas en la
región (incluyendo personal de sonido, iluminación y multimedios); por
tanto, debería tenerse como objetivo fomentar la reactivación de la
integridad de las disciplinas asociadas al festival. Entiendo que así lo
ha planteado el alcalde, por eso resulta contradictorio que no se
aproveche la visión y experiencia de los artistas y gestores culturales
(en el festival y en pandemia) para la toma de decisiones, planificación
y desarrollo del evento.
Desde
esta tribuna me sumo a la petición de un gran número de grupos y
artistas regionales para generar instancias de encuentro y diálogo, a la
brevedad posible, que permitan trabajar en forma conjunta e integrada a
los protagonistas y autoridades en la organización y puesta en escena
del próximo Festival Folclórico en la Patagonia, a fin de lograr el
mayor beneficio para los objetivos y la mejor expresión y desarrollo de
las artes y cultura locales. Son ellos, los artistas, la parte
fundamental de esta fiesta.