Los
originarios del austro del mundo fueron pioneros en navegación
instintiva, logrando desplazarse por todas las islas y archipiélagos de
Tierra del Fuego y Cabo de Hornos, demostrando desde sus inicios la
aventura, proeza, valentía y convicción, siempre sobre sus canoas;
soportando las bajas temperaturas y las bravas condiciones climáticas,
que nos llevan incluso, a soportar los -12 C°.
Estos
nómades del mar, constituían las canoas como sus hogares y asentamiento
familiar. La vida transcurría a bordo de las añosas y artesanales
embarcaciones que surcaban los mares del sur, siendo las bajadas a
tierra muy esporádicas y de corta duración. Pues bien, no hay duda que
las gélidas aguas australes han sido protagonistas a lo largo de toda su
historia que la siguen hasta estos días.
A
finales del siglo XVI y comienzo del siglo XVII, fueron los navegantes
europeos los que mantuvieron contactos con los yaganes que, poco a poco,
fueron perdiendo su vida nómade y de mar, para transformarlos y
asentarlos en tierra, transformándolos en un pueblo sedentario,
convirtiéndolos al evangelio a través de los misioneros de la época,
cambiando su hábito alimenticio y perjudicando sus costumbres y cultura.
Poco a poco los descendientes de nuestro pueblo ancestral se fueron afincando en la hoy conocida Puerto Williams,
en un primer momento en Bahía Mejillones y hoy, con propiedad, en Villa
Ukika, siendo una fuente de inspiración y un gran aporte para el
desarrollo de toda la Isla Navarino.
Actualmente
nuestro país avanza en el proceso de hacer una nueva constitución,
construida en democracia y con participación de representantes de la
ciudadanía escogidos popularmente, dejando escaños reservados para los
pueblos originarios y, con esto, buscar hacer justicia para quienes
durante tantos y tantos años han sido desplazados y olvidados por el
Estado de Chile y sus poderes.
Nuestro
país actual no reconoce la diversidad cultural de los diversos pueblos
que habitan Chile, olvidando la plurinacionalidad, formando un Estado
unitario y heterogéneo, donde prima la voz de los constructores e
ideólogos de la constitución del 80 y los intereses que ellos
representaban en esos años.
En
este momento histórico, donde tenemos una representante Yagán dentro de
los escaños reservados, se abre una nueva puerta para el reconocimiento
a todos los que habitaron esta larga y angosta franja de tierra el sur
de Sudamérica. Es la oportunidad de hacer justicia y dar paz al alma de
tantos que partieron buscando reparación por los abusos cometidos.
Acá
se abre el anhelo del respeto a la cosmovisión de nuestro pueblo Yagán,
de la preservación de su cultura, del cuidado al mar y las aguas
prístinas que nos bañan, la recuperación en lo posible de su lengua y
continuar incentivando la artesanía y desarrollo.