Nueva Constitución en alerta

Hace unos días se cumplió un año del hito político y democrático más importante de las nuevas generaciones: el triunfo contundente del Rechazo al proyecto de nueva Constitución que propuso la extinta Convención Constituyente. 

Ese acto marca un fin del clivaje entre el sí y el no, porque con voto obligatorio, hubo disponibilidad de personas de distintos pensamientos políticos para poner freno a un proyecto refundacional y no convocante. El triunfo nació desde la transversalidad. 

Lamentablemente, a un año, ese trabajo no se plasma como un resultado de mayorías. Incluso no se ha podido leer bien, ni se está haciendo capaz de proyectarla al futuro. 

Creo que hay que tener un consenso de que, más allá de que hoy no sea la prioridad, el dilema constitucional en Chile se tiene que acabar. El argumento del marco institucional en el país como uso de instrumento de trinchera política no debe existir más. Para eso, a contracorriente de los extremos y con una desafección enorme de la ciudadanía, la clase política hizo un buen trabajo, para que, dentro del marco posible, cerremos un proceso de nueva Constitución con una carta magna bajo la mesura y los cambios con responsabilidad. Y hasta la propuesta de la comisión de expertos, el partido se estaba jugando bien. 

Hoy el Consejo Constitucional pinta difícil. Se ve una desafección por parte de los propios protagonistas, que, con lógica de calculadora, parecieran estar apostando a quien se la juega primero por el “En Contra” para la votación del 17 de diciembre. Y eso es simplemente porque no han sido capaces de lograr acuerdos. Hay que admitir que el Partido Republicano ha hecho esfuerzos para que el proceso salga adelante, sin embargo, más allá de algunos gestos, sigue apostando hablar a su nicho. En la izquierda pasa el mismo problema: todo lo que se propone, se rechaza, afiatándose en las líneas rojas. Creo que el actual momento político no merece que los grupos dentro del consejo le sigan hablando a sus 30%. Es un error garrafal. Porque ya el partido se está perdiendo 3-0. Hay que pensar que, si se rechaza la propuesta de nueva Constitución a fines de este año, no hay espacio para un nuevo proceso, simplemente no da. Eso conlleva que nuevamente el malestar explote en unos años más y se pierda la oportunidad de lograr algo a la medida de Chile y no en base a quien grita más fuerte. 

Lamentablemente, con algunas enmiendas, estamos volviendo al régimen de la nefasta extinta convención, donde ganaba el “si no estás de acuerdo conmigo, entonces, no importa porque tengo la mayoría”. Esta Constitución tiene que jugarse a lo Patricio Aylwin, tendiendo puentes, saliendo a buscar el 50+1 y no nuevamente a lo Daniel Stingo. 

¿Serán capaces de proponer al país un proyecto político que enfrente el malestar con cambios decididos, moderados y responsables? ¿Existirá el liderazgo necesario para realmente hacer del 62% una expresión de unos nuevos 30 años? En estas preguntas probablemente se juega el destino de miles de familias y por cierto del alicaído sistema político, que solo recuperará su vitalidad si sale de su ensimismamiento y se conecta decididamente con los anhelos de esa ciudadanía que debe representar.

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