Nuevo pacto fiscal

Corría
el año 2014 y la Presidenta Michelle Bachelet plantea una reforma
tributaria que tenía como principal objetivo sostener una Reforma
Educacional. Dicha reforma es llevada por el Ministro de Hacienda de
aquel entonces Alberto Arenas. La idea era la obtención de 3 puntos del
PIB de los cuales 2 serían destinados a la educación.

El
desplome de los mercados, la caída de la inversión y con ello un bajo
crecimiento colocan fin a las buenas intenciones de dicha reforma y
llevan al crecimiento más bajo que haya tenido un gobierno desde el
retorno de la democracia, es con esto que se acude a la deuda provocando
un déficit fiscal que persiste en la actualidad, y que incluso se
agravo en la pandemia.

¿Por
qué debemos recordar este episodio?; lo recordamos debido a que la
economía es un conjunto de variables que se ven afectadas, y aquello
ocurre independiente de las buenas intenciones que en el caso de la
Presidenta Bachelet se relacionaba con la educación gratuita que hoy
forma parte de una política pública instaurada en nuestro país, pero que
en gran medida se ha solventado con deuda y no con los recursos
esperados de la fallida reforma del Ministro Arenas.

Ahora
bien, la propuesta de reforma del gobierno -que fue rechazada- era más
irruptiva, ya que planteaba una recaudación de 4 a 5 puntos del PIB en
estos cuatro años y 8 puntos del PIB en régimen. Para cualquier
economista esto lleva a una caída del crecimiento económico, a una baja
de la inversión y a la caída del empleo, generando una alta
incertidumbre para la economía de nuestro país. Sumado a esto, la
invasión de Rusia a Ucrania ya indica un bajo crecimiento mundial que
lleva a reducir el impulso externo y lleva a una inflación sostenida que
hemos logrado controlar en nuestro país, producto de las herramientas
utilizadas por el Banco Central. Esta inflación aún provoca que la tasa
de política monetaria siga en un 11,25% llevando a que los hogares con
mayores vulnerabilidades resientan aún más sus bolsillos al momento de
querer sostener sus necesidades.

Es
con esto, que el gobierno debe flexibilizar sus reformas asumiendo que
las condiciones económicas que existen en la actualidad a nivel mundial
no van a permitir esos añorados 4 o 5 puntos requeridos del PIB que den
paso a la obtención de fondos absolutos para las arcas fiscales.

De
modo que si bien debo compartir muchas de las propuestas indicadas por
el titular de hacienda se debe tener en consideración que los recursos
son escasos y más, en la actualidad que las condiciones mundiales no
serán propicias para cumplir con la mayoría de las promesas de la cuenta
pública del gobierno actual. Es con esto, que es muy probable que
algunas de estas promesas deberán ser financiadas nuevamente con deuda
fiscal, aspecto que podría dejar nuevamente en un mal nivel de
confiabilidad internacional a nuestro país.

En
definitiva, la conversación política es clave. Y esto incluye -quieran o
no algunos sectores- las opiniones de la CPC. De modo, que si hablamos
de un Pacto no podemos hacer lo mismo que se realizó con la reforma
tributaria que fue rechazada.

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