No
cabe duda que la historia de nuestra región ha estado directamente
ligada al mar. Fue por vía marítima que Hernando de Magallanes, hace ya
casi 500 años, accedió a estas tierras y fue por la misma vía que el
Estado de Chile, gracias a la tripulación de la Goleta Ancud, tomó
posesión de la zona y se fundó Punta Arenas. Ha sido por el mar por
donde hemos cimentado nuestro desarrollo en base al comercio; el
transporte de carga y de insumos para la industria; de vía para acceso a
la Antártica y también para el turismo.
Sin
embargo, los desafíos que nos plantea el Siglo XXI hacen necesario que
contemos con un nuevo terminal, porque el muelle Arturo Prat ya no da
abasto para las exigencias que debemos afrontar para avanzar en el
desarrollo de nuestra región. Desde su puesta en funcionamiento, en
1920, el viejo muelle ha sido sometido a varias refacciones y trabajos
de ampliación de su capacidad que, sin embargo, ya han llegado a su
límite.
Junto
a lo anterior, el muelle Prat es el único de Chile que sirve para
diversos propósitos: Mueve carga de todo tipo; atiende a la pesca
artesanal e industrial; recibe barcos de turismo; entrega atención a
busques científicos de distintas nacionalidades y sirve de base para las
operaciones de la Armada, entre otros usos. Es decir, está sobre
saturado y ya no habrá reparación o ampliación que lo capaciten para un
terminal de las características que necesitamos.
Así
como lo hicimos en su momento con la Fibra Óptica Austral, creo que es
momento que soñemos en grande y nos unamos todos bajo una sola consigna:
Un nuevo puerto para Magallanes. Hablamos de un terminal moderno, con
mayor capacidad de carga y de calado que nos permita recibir cruceros de
gran capacidad y a turistas, pero que al mismo tiempo sirva como
plataforma para buques científicos que tengan como destino final la
Antártica y que también nos permita proveer servicios logísticos a
países que hoy lo están demandando.
Se
trata sin duda de una inversión mayor, pero que generará numerosos
puestos de trabajo directos e indirectos durante su construcción y que,
posteriormente, hará la propio en su entrada en funcionamiento. Estamos
hablando de un proyecto que tendría un enorme impacto en nuestra región y
toda la Patagonia Austral que tendría una gran rentabilidad social
posterior. Hablo de turistas de gran poder adquisitivo que requerirán
una serie de servicios en la ciudad, de un mayor flujo comercial en la
Zona Franca, de mayores contingentes de científicos que se hospedarían
en Punta Arenas, etc.
Creo
que hemos demostrado muchas veces que cuando nos unimos por una causa
común sabemos asumir retos importantes que a muchos les parecerían
imposibles de lograr. Contar con un nuevo puerto para Magallanes no sólo
es posible, sino que también es necesario para llevar a nuestra región a
otro nivel de desarrollo. Esa tarea requerirá unión y también
preparación. En los tiempos que corren, de cambios vertiginosos,
triunfarán los que sepan hacer los cambios necesarios en los menores
plazos posibles para entrar de lleno al siglo XXI.