Al
escribir esta columna, se han cumplido cuatro años del “acuerdo por la
paz y la nueva constitución”, fruto de la intriga, la violencia, la
conspiración contra un país extraviado en manos de una clase política
corrupta. Campo ideal para un experimento político social en el camino
de la ejecución de la agenda 2030 de la ONU. Porque a estas alturas,
nadie racional podría creer que el grupo de tirapiedras que ocupa el
gobierno consecuencia de aquella insurrección octubrista son los
cerebros y gestores de la misma. Los más inteligentes de la
insurrección, el partido comunista, no firmó el acuerdo, y hoy maneja el
actual gobierno. Usando una vez más la “sicología inversa”, hoy dice
votará en contra del nuevo proyecto constitucional, para así conseguir
que algunos “derechistas” básicos, voten en contra de dicho partido y
aprueben. Es que la nueva constitución debe salir, si el año pasado
falló por el lado de la izquierda, este año debería salir por el lado de
derecha, porque es lo mismo, quizás el anterior mamarracho era más
honesto que el actual, porque no ocultaba las intenciones de quienes lo
propusieron, no digo redactaron porque al igual que el actual, se
redactó también en las sombras, como se hace todo en Chile, sino,
pregúntenle a mi ex condiscípulo Luis Hermosilla… En cambio el actual
proyecto en el fondo dice y lleva a lo mismo, es “habilitante” para la
agenda 2030,solo que hipócritamente, poniendo “caramelos” de derechos en
la práctica irrealizables. Es tan globalista doctrinariamente, como lo
de septiembre 2022. Este “nuevo” aparente proceso, no es sino lo que en
Estrategia se llama “el plan B”
Solo como ejemplo, la ciudadanía está desesperada por la inseguridad
creciente y los crímenes desatados. Pero el proyecto elimina
definitivamente la pena de muerte, y supedita a todos los órganos del
Estado a los tratados de derechos humanos, los que el ejecutivo no podrá
denunciar, o sea, renunciar, sin aprobación del congreso. Es decir,
cerrar las fronteras drásticamente, eliminar físicamente a los
criminales, y expulsar extranjeros indeseables, no podrá hacerse-ahora
ya tampoco se hace-por ser contrario a los derechos humanos. En pocas
palabras, olvídese de nunca más salir tranquilo a la calle, y coloque
rejas y cerraduras hasta adentro de su casa porque los criminales
ingresan mientras usted duerme.
Lo vengo diciendo hace años: el drama de Chile es tener una pseudo
clase dirigente mediocre, egoísta y cobarde. Detrás de esa derecha que
ahora se escuda en el análisis sofista del señor Arenas, sobre supuestos
“candados” que protegería la nueva constitución, déjeme recordárseles
que la actual constitución los tiene y tenía muchos más en octubre de
2019. Lo que ocurre es que ningún sistema político del mundo resiste la
traición y la cobardía de quienes deben defenderlo. El problema no es de
candados sino de personas y de actitud, nada nos puede salvar ahora ni
mañana, de los cobardes y corruptos que pululan en el gobierno y la
oposición, dispuestos a entregar todo a cambio de prebendas. Arenas solo
trata de impresionar a los simplones para asegurarse un cargo futuro,
si actualmente su jefe directo en la “pega” es Chadwick, el primo de
Piñera, que está en carrera presidencial.
Esa “derecha”, que entregó Chile a esta catástrofe, ahora ejerce una
campaña del terror, aprovechando “la ayuda” del partido comunista que
aseguro ganar por todos lados y opciones, haciendo creer que esta nueva
constitución solucionara algo, pero será exactamente al contrario, todo
empeorará, la sola legislación complementaria tomaría varios años
mientras el país se sigue ahogando y profundizando sus problemas. Los
chilenos sufrimos el stress postraumático del octubrismo y la plandemia,
y ahora de la inseguridad desatada, campo fértil para la imposición de
esa agenda 2030 que ninguna autoridad se digna explicar y mucho menos
consultar a la gente, pero que se cumplirá a través de la nueva
constitución, aunque la llamen “de Kast”: es de la ONU a través de
derechistas infiltrados o se dieron vuelta, eso no es “privilegio” de
Boric. Así, usando psicología de masas, se establece el nuevo orden
mundial y una nación queda subordinada institucionalmente, hasta que se
extinga. Parece la derecha, otrora hasta creyente, se olvidó que las
cosas se hacen por amor, nunca por miedo, pero han caído en una vulgar
utilización del miedo colectivo y del engaño. Un amigo me decía, que
quiere votar apruebo como repudio hacia Boric… ¿Aún creen que el
globalista Boric votará en contra? Los marxistas quieren la gloria de
firmar ellos una nueva constitución, y borrar la de Pinochet. Y quedará
demostrado que, quemando, destruyendo, aterrorizando, se puede echar
abajo una constitución y una nación completa, la que en el nuevo texto
pasa de “nación” a “pueblo”. Lo siento, pero las cosas no se arreglan
después, la carga no se acomoda en el camino. El New World Order borrará
hasta la historia que diga que el miedo entregó Chile. Un hombre con
miedo ya no es libre.