Boric
ante la disyuntiva Guillier-Piñera el año 2017 optó por la abstención
porque consideraba un chantaje votar por el mal menor. Lamentablemente,
cuando Chile se deja en manos de la derecha no solo se cambian las
prioridades públicas en favor de las clases más acomodadas, sino que se
retrocede en derechos y la sociedad se estanca. Por tanto, no da lo
mismo quién Gobierna y uno no puede permanecer neutro ante tal
escenario, por ello los partidos de oposición sin titubear se han puesto
a disposición del triunfo del candidato de Apruebo Dignidad sin
negociación, sin exigencias, sin condiciones. Con toda seguridad los
militantes de los partidos de oposición que apoyaron otras candidaturas
votarán sin inconveniente por Boric, a pesar de no ser un candidato de
su agrado, a pesar de sentirse aún ofendidos por una serie de
calificativos que por años y especialmente el último tiempo se han
esgrimidos hacia ellos de una forma no muy amigable. Pero la madurez
política y una profunda mirada priorizando el bienestar de Chile los
llevarán a votar disciplinadamente por el candidato menos malo. Como me
decía un amigo democratacristiano, los que no queremos a Boric votaremos
por Boric. El problema en los próximos veinte días estará en cómo
convocamos a ese mundo no militante, esa ciudadanía de centroizquierda,
conservadora, que ya peina algunas o muchas canas, ama la seguridad de
su hogar y pretende vivir con estabilidad de cara a su jubilación. A
aquel mundo sin partidos que quiere ver reflejado su esfuerzo y su
trabajo es un bienestar concreto ahora y no a largo plazo. Una
ciudadanía que incluso puede estar dispuesta a sacrificar su libertad
por garantizar sus demandas socioeconómicas, crecimiento y bienestar. Un
sector de la población que desea la paz social como una gran aspiración
y que en el desierto es capaz de confundir la arena del agua. Cerrarse a
modificar o complementar el programa de Gabriel Boric es negarse a
entablar un diálogo, un entendimiento con una población que tiene una
visión distinta a la derecha y sus valores, pero que tiene otros acentos
y otras prioridades a las expresadas por Apruebo Dignidad en su
programa. Es negarse a la construcción de mayorías que le den
gobernabilidad al próximo periodo presidencial, ya sabiendo que se
requiere la búsqueda de grandes acuerdos para concretar el programa en
un Parlamento prácticamente igualado, pero además fragmentado. A veinte
días el patria o muerte del PC no tiene sustento, especialmente entre
fuerzas de idearios similares y diagnósticos comunes. El mundo que votó
desde Parisi hasta Artés es el mundo a convencer por Gabriel Boric en
los próximos días. Creer que se sumará masivamente gente que no votó en
primera vuelta es más una ilusión que una realidad posible. Nada hace
aventurar un encantamiento desde nuestro mundo para que asistan a votar
los que no lo hicieron, siendo más probable que sea mayor el número de
gente que se resista a votar por alguno de los dos candidatos en segunda
vuelta. Nuestro mayor esfuerzo es convencer a los que ya votaron. La
segunda vuelta presidencial en Chile será reñida y pareja, y seguramente
ganará quien entable un mejor diálogo con una población del centro
social y no político. Boric ganará si logra convencer y movilizar más
gente para que concurra a las urnas el domingo 19 de diciembre. Boric
ganará si les habla a las necesidades concretas de la gente. Boric
ganará desde la propuesta y no desde el miedo.