La
educación es el motor que impulsa el progreso, el desarrollo y el
crecimiento de cualquier sociedad. No hay duda de que una ciudadanía
educada integralmente refleja una sociedad preparada para llevar a su
país al éxito. Si existe un consenso sobre la relevancia de la
educación, entonces, ¿por qué en nuestro país y en nuestro continente no
la impulsamos al nivel más alto posible? Las respuestas son diversas, y
este es el propósito de este texto de opinión.
La
primera gran problemática que sacude a la mayoría de los sistemas
educativos del continente, y especialmente al nuestro, es su
«obsolescencia». En una realidad tan dinámica y rápida, impulsada por
factores como la tecnología y la innovación, nuestro sistema educativo
se ha quedado desactualizado. Para ilustrar la magnitud de este
problema, imaginemos que un viajero en la época del siglo XVIII o XIX
llegaría hoy. Sin duda, se asombraría por los avances científicos de
nuestra era, como la robótica y la inteligencia artificial. Sin embargo,
también se sorprendería al ver que la única actividad humana que
permanece casi inalterada es la forma de educar: jóvenes sentados en
pupitres escuchando a un profesor repetir contenidos monótonamente. Éste
es el gran desafío actual, modificar la forma de transmitir
conocimiento a los jóvenes, apuntando siempre a la comprensión y no solo
a la memorización.
Otra
problemática relacionada es la ineficacia de nuestra educación en la
vida cotidiana. Hoy en día, muchos egresados ??de la educación
secundaria no saben redactar un currículum vitae, desconocen el
funcionamiento básico de la economía, ignoran sus derechos
fundamentales, no saben cómo actuar democráticamente en las diversas
áreas de la política, desconocen incluso el salario mínimo mensual,
entre otras cosas. En definitiva, todo el «conocimiento» impartido en
las aulas nacionales resulta simplemente referencial y de poca utilidad
práctica en la vida real.
En
esta misma línea, es necesario decir que nuestras mallas curriculares
están totalmente desactualizadas. El contenido que se entrega y evalúa
en los establecimientos educativos ha permanecido casi inalterado
durante décadas. En un mundo tan rápido y cambiante, los estudiantes
deben tener acceso a asignaturas de emprendimiento, educación
financiera, inserción laboral, programación, oralidad y expresión
escénica, entre otras. El objetivo debe ser formar estudiantes íntegros,
con habilidades diversas que sean exigentes en el mundo moderno y
laboral actual.
Es
crucial destacar la labor de los docentes en las aulas. Su rol es
esencial para obtener resultados exitosos, por lo que es fundamental
elevar esta noble profesión y lograr un estándar más alto en su
formación e ingresos económicos al nivel de otras áreas del saber
humano. De esta manera, quienes destaquen o tengan una verdadera
vocación por la pedagogía puedan orientar su educación e inversión
profesional hacia la enseñanza básica o media, logrando tener profesores
del más alto nivel y experticia.
En
definitiva, es urgente una reforma estructural de nuestro sistema
educativo, adecuado a las necesidades y exigencias del mundo actual. Es
imperativo romper con la tradición milenaria de la enseñanza monótona y
ampliar las metodologías de enseñanzas a formas más eficaces para los
estudiantes. Es importante conocer los años de las guerras mundiales,
saber factorizar o entender la estructura de la célula, pero es
imperativo y necesario proporcionar una educación de calidad y
transversal adecuada a la actualidad. Solo así, podremos evitar que los
estudiantes no se sientan estafados por un sistema educacional que les
absorbió años de vida y que no les proporcionó las herramientas
necesarias para enfrentar y comprender el nuevo rumbo de nuestra
realidad planetaria.