La
Nueva Constitución carga con un desafío que va mucho más allá de la
construcción de una nueva Carta Magna, la cual fijará el modelo político
y de derechos que dará contexto y reglamentación al funcionamiento de
Chile para los próximos 50 años. La Nueva Constitución es la
construcción de un Pacto Social distinto, el cual va desde la
organización del Estado, pasa por la distribución del poder, pero
también fija las nuevas relaciones entre la ciudadanía, y también de la
ciudadanía con la institucionalidad.
Este
Pacto Social debe tener una mirada de futuro, pero haciéndose cargo de
las deudas históricas con las que carga nuestro país, y ahí surge un
tema trascendental: Reconocimiento constitucional a nuestros Pueblos
Originarios y la declaración de Chile como un Estado Plurinacional.
¿Porqué?
Toda nación encuentra en su historia una serie de aprendizajes, algunas
de sus acciones son para repetir, otras para no repetir, y otras
derechamente para enmendar. Chile es mucho más que los 210 años de
historia republicana que datan desde la conformación de la primera Junta
Nacional de Gobierno. Mientras Chile era un Estado en ciernes, había en
su preámbulo un cúmulo de pueblos, culturas, tradiciones, (primeras
naciones ¿porqué no?) que habitaban nuestro actual territorio nacional,
que sufrieron la violencia de la colonización y que defendieron con todo
lo que tenían, aquello que creían les pertenecía.
El
Estado-Nación, mirado en perspectiva, ha sido enormemente injusto en su
tratamiento a los Pueblos Originarios, han sido discriminados, muchas
veces obviados, y en la búsqueda de soluciones muchas veces se ha
tendido más bien a buscarlas desde una visión occidentalizada, que con
la mirada ancestral y de respeto que han debido ser tomadas.
Políticas
en educación, en vivienda, en temas de tierras, han sido muchas veces
mal enfocadas por la poca capacidad de diálogo que ha existido entre el
Estado y los Pueblos Originarios. Miopía, soberbia y carencia de visión
han caracterizado mucho la relación entre ambas partes, fundamentalmente
por la falta de comprensión hacia tradiciones que guardan consigo un
profundo sentido de pertenencia con prácticas que datan de muchos siglos
atrás.
Es
claro, que se debe reconocer que en las últimas décadas han existido
acercamientos y acciones de parte del Estado que han tendido a enmendar
estas injusticias históricas, pero aún falta más. Y ahí, es donde el
proceso constituyente tiene un rol fundamental.
Este
hito histórico que vivimos, tendrá representación garantizada de los
Pueblos Originarios, pero hasta ahí no basta. Se debe promover un amplio
acuerdo nacional que haga que los distintos pueblos sean reconocidos
constitucionalmente, y sobre todo, declarar a Chile como un Estado
Plurinacional, eso sería sin duda, un buen punto de partida para que
Chile se empiece a reconciliar con su propia historia.