Octubre: mes de contradicciones nutricionales

Es paradójico  que este mes celebremos dos fechas tan opuestas pero a la vez  tan representativas de nuestra realidad mundial,  nacional y regional. Por un lado el día 11 de octubre celebramos el Día de la Obesidad y el 15 el Día de la Alimentación. En Chile los índices de obesidad crecen año a año debido a malos hábitos alimentarios y sedentarismo, según ranking FAO, Chile se posiciona como el segundo país OCDE con mayor índice de obesidad (34,4% de la población chilena mayor de 15 años presenta altos índices de obesidad). En cuanto a la población infantil de menores de 5 años, la cifra alcanza el 9,3%, consolidándose como una de las mayores tasas de sobrepeso infantil en América Latina y el Caribe. Existe evidencia de que, aproximadamente el 30% de los preescolares obesos y el 50% de los escolares obesos, se convierten en adultos obesos. Las causas de este problema pueden ser múltiples, sin embargo, las principales se relacionan directamente con la falta de educación alimentaria, desencadenando malos hábitos de alimentación, escasa actividad física y consumo excesivo de productos ultraprocesados con alto contenido de grasas saturadas, azúcar y sal. El sobrepeso y obesidad además de estar asociados al desarrollo de enfermedades crónicas no transmisibles, también se asocian a un menor rendimiento académico. Un reciente estudio realizado en escolares chilenos evidenció que los estudiantes que consumían dietas no saludables presentaban un peor desempeño en pruebas de lenguaje y matemáticas. En Chile, específicamente en la Región Metropolitana se han realizado intervenciones y estudios nutricionales en escuelas realizadas por nutricionistas con resultados muy positivos, consiguiendo que la prevalencia de obesidad disminuyera de un 23,4 a 20,1%. Adicionalmente, la intervención logró cambios de conductas alimentarias que incluyeron el aumento significativo del consumo de frutas, pescado y leguminosas y redujeron el consumo de bebidas gaseosas,  pasteles/dulces/chocolates. Otro estudio también realizado en Chile, evidencio que post intervención hubo un aumento significativo de conocimientos alimentario/nutricionales y una disminución en el consumo de sopaipillas, papas fritas, completos, snacks salados, snacks dulces y bebidas azucaradas. Según el último reporte de la “Comisión sobre la Eliminación de la Obesidad Infantil” de la OMS de este año, se destaca que “ninguna medida individual podrá detener el aumento creciente de la epidemia de la obesidad”. Nuestra posición como ciudadano y responsable del bienestar propio, de nuestros hijos y entorno es extremadamente pasiva y lejana, a un problema que está  de una u otra forma instaurado en nuestros hogares,  en el de algún familiar, amigo o  vecino. No somos capaces de dimensionar que necesitamos cambios y que nuestros  niños son un motor de aprendizaje en la adquisición de hábitos alimentarios en la primera infancia los cuales serán reflejados mejorando la calidad de vida,  su bienestar físico y emocional a lo largo de todo el ciclo vital. Debemos incitar, apoyar y materializar la incorporación de nutricionistas en recintos escolares. El Colegio de nutricionistas de Chile ha enviado propuestas fundamentadas de los beneficios que implicaría la incorporación del Profesional en esta área como por ejemplo en prevención, educación y  monitoreo alimentario – nutricional, pesquisa y derivación oportuna a Cesfam, gestionar, monitorear,  evaluar y reportar la entrega de raciones según bases de licitaciones establecidas,  además de asegurar la inocuidad alimentaria de los comedores escolares según reglamentos sanitarios.

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