O´Higgins y el Teatro

Para nuestro prócer, las diversas expresiones del arte no le eran
ajenas, ni mucho menos, de hecho, él mismo tocaba el piano forte y pintaba
miniaturas.

Pese a las dificultades propias de la guerra de independencia y la
escasez de recursos, comprometidos mayoritariamente en la organización y envío
de la expedición Libertadora al Perú, Bernardo dio vida a una sala de Teatro,
en la denominada Plazuela de la Compañía.

Dicho Teatro tenía una capacidad de 1.500 personas y un Palco Directoral,
que en la actualidad llamaríamos Presidencial, cantidad no menor para la época.

Disponía también de un amplio escenario, con un telón que lo
ocultaba antes del comienzo de la obra, en el cual estaba pintada la siguiente
leyenda, escrita por Bernardo de Vera y Pintado; “He aquí el espejo de virtud y
vicio. Miraos en él y pronunciad el juicio”.

Desde que fue inaugurado se estrenaron entre otras obras el
“Cantón de Utica” de Addisson, “Otelo” de Shakespeare y la “Jornada de Maratón”
de Guérault.

La música era responsabilidad del alemán  Carlos Drewetke y un incipiente grupo de
músicos dirigidos por él, quienes tocaban música de Haydn, Mozart, Beethoven y
Crommer, utilizando partituras traídas por el mismo alemán a Chile.

La responsabilidad del funcionamiento del Teatro recayó por
orden de O’Higgins en uno de sus edecanes, el Teniente Coronel Domingo Arteaga,
quien
debió ejecutar las más imaginativas ideas para poder cumplir la
orden.

Una de ellas fue seleccionar un sargento realista prisionero,
capturado por Cochrane al tomar Valdivia, de nombre Francisco Cáceres, para
desempeñarse como primer actor.

Las funciones eran todo lo regular que se podía dadas las
circunstancias, pero inalterables en fecha importantes, como los aniversarios
de la Primera Junta Nacional de Gobierno, de la batalla de Chacabuco y la de
Maipo.

La historia ha guardado algunas anécdotas ocurridas en el Teatro,
como la ocasión en que un pendenciero súbdito inglés trató de quitarle el fusil
a un soldado centinela del recinto, recibiendo desde lo alto un grito por parte
O´Higgins, ordenándole que no dejara que le arrebataran el armamento.

Como se aprecia, el arte se asomaba al inicio de nuestra vida
independiente, de la mano de uno de los más cultos libertadores americanos, quién
sabía valorar su importancia.

Recordemos con justicia al estadista, que supo interpretar las
necesidades físicas y espirituales de los ciudadanos que conformaban la
República de Chile.

 

Contenido relacionado

Envíanos tu denuncia o información AVISOS ECONÓMICOS