Un
viejo dicho popular dice “otra cosa es con guitarra”, nada más cierto;
mientras otro sea el que toque la guitarra, cualquiera puede cantar y
bailar sin problemas, pero cuando hay que tomar la guitarra las cosas
cambian, primero hay que saber tocar y ojalá tocar bien, ya que de lo
contrario se puede desafinar, se pueden enredar los dedos buscando las
notas y hasta se pueden romper las cuerdas y en definitiva el sonido que
se quiere puede resultar desastroso y más que sonido puede ser
simplemente un ruido insoportable. Así son las cosas en todo orden de
situaciones, de verdad espero que el nuevo Gobierno que acaba de asumir
el 11 de marzo recién pasado sepa tocar la guitarra, que sepa hacer las
cosas, que ciertamente logre sacar un sonido grato para todos los
habitantes de la República de Chile y que no termine siendo un ruido
infernal. El nuevo Gobierno no la tiene fácil, pero tampoco es tan
difícil. No la tiene fácil, porque ser dirigente universitario no
cuesta, tampoco es difícil ser un líder de calle, hacer algo de
activismo, agitar las masas con unas cuantas frases encendidas que todos
puedan repetir de manera armónica y que enciendan los ánimos de los
concurrentes, sean ciertas o no, pero son el eslogan; tampoco resulta
difícil ser diputado, sobre todo si se es de oposición al Gobierno que
se encuentre de turno; pero ahora hay que tomar la guitarra y ponerle
buen ritmo, llegó el momento de enfrentarse a un cúmulo de necesidades
recurrentes e igualmente importantes que deben ser atendidas con
recursos escasos, llegó el momento de hacer el triage, de priorizar a
dónde se van a destinar los recursos, cuántos, en qué medida, para dar
las soluciones que el país necesita a necesidades múltiples y
recurrentes como son, por ejemplo, salud, pensiones, educación,
vivienda… y muchas otras, que requieren de atención, que buscan en el
Gobierno una solución, pero esas soluciones no pueden ser de cualquier
manera si se pretende tener un país que marche en paz, porque esas
soluciones no pueden entonces lesionar los derechos de nadie, ya que de
hacerlo se genera tensión y resentimientos que en nada colaboran a la
gestión de ningún gobierno; esas soluciones se deben priorizar, se deben
pensar, se deben implementar con tacto, criterio y discreción, porque
de otra forma se va a producir una grave tensión en un país que ya viene
muy polarizado, y en eso una de las misiones más importantes es reducir
esa polarización de manera que este país pueda convivir en paz, que se
produzca la debida correspondencia y armonía entre todas las personas,
de modo que la gente logre lo que necesita, que no es sino vivir y
trabajar tranquilos, sin la preocupación de no tener la certeza del
devenir del Gobierno, de dónde va a dirigir sus pasos, que se sepa que
no habrá alzas desmedidas de impuestos que obliguen sobre todo a las
pymes a despedir trabajadores, que no se adopten decisiones que
signifique un alza significativa en el costo de la vida, de modo que no
hagan inútiles los aumentos de sueldo porque la inflación impida que
ellos alcancen para sustentar competentemente la vida; que genere los
inventivos para la producción, para que la gente se atreva a invertir y
colaborar en el crecimiento del país; que valga la pena crear empresas y
que las existentes puedan trabajar de buena forma de manera que se
pueda aumentar la tasa de ocupación de la gente. No es fácil gobernar,
pero este Gobierno tiene la suerte de suceder a uno muy impopular, que
en imagen de la gente no fue bueno, en que en muchos casos, partiendo
por quienes votaron por el Gobierno saliente, tienen la sensación de que
fue perjudicial para la gente, que se dejó de gobernar a corto andar,
que no se cumplió con el mandato de le gente, que no era sino dar
cumplimiento al programa por el que fue elegido, que se les quitaron
facultades y se ató de manos a las policías, quedando una sensación de
desprotección en la población, de manera que si el nuevo Gobierno es
criterioso, si combate la delincuencia, si genera la sensación de
protección en la población, le puede ir bien, y ciertamente que le vaya
bien es bueno para el país. Esperemos que no sea la Convención
Constitucional la que lance los torpedos que le puedan hundir el barco,
porque esa Convención sí que deja mucho que desear y ha demostrado poca
capacidad y menos claridad, pero eso será materia de otra columna.