Un
sector minoritario del país tiene a la sociedad anclada en el pasado y
como no hay mejor estrategia que esconder las frustraciones propias, nos
dicen que su proyecto de Constitución representa el futuro y que de esa
manera dejaremos un pasado oprobioso, injusto, indigno. Sabedores que
nunca el proyecto de la izquierda e izquierda radical ha sido mayoría en
Chile y que para lograr serlo en la Convención Constitucional,
recurrieron a todas las sucias y deleznables armas a que pudieron echar
mano: la violencia extrema, la destrucción, la mentira, la trampa, la
ilegalidad y un largo y penoso etcétera. Ni antes ni después de la
elección de los convencionales, el sector que redactó el proyecto de
Constitución ha tenido mayoría electoral ni social en Chile; más aún, ni
siquiera ha sido mayoría relativa, de manera que mediante el miedo y la
amenaza quieren imponer su propio y minoritario proyecto al país.
La
manera en que podemos salir del atolladero en el que nos dejaron la
izquierda y gran parte de la derecha – todos unidos – es pensar en un
país de todos y para todos, construido a base de consensos. Ya sabemos
que hoy estamos al borde de caer en manos de la izquierda radical; que
no habrá una salida fácil al problema que nos impusieron y que el
enfrentamiento será inevitable de aprobarse un proyecto político
excluyente, racista, plurinacional, indigenista. El país no se quedará
congelado de ganar el Rechazo, sino por el contrario, obligará a todos
los actores políticos y sociales a buscar una salida democrática a las
dificultades que la izquierda nos encajó. Porque existe una opinión cada
vez más generalizada que este proyecto de Constitución sólo representa a
quienes han vivido siendo minoría, pero que azuzando y desprestigiando
el pasado del cual ellos han profitado descaradamente, convencieron a
muchos que su revolución no fue por treinta pesos sino por treinta años.
Hoy esta frase parece desgastada, sin sentido, demasiado injusta,
porque quienes pudieron llevar a sus hijos a colegios subvencionados;
quienes pudieron salir de la pobreza extrema; quienes pudieron educar a
sus hijos en universidades porque sus padres sencillamente no pudieron,
hoy piensan en un pasado tristemente lejano, pero que les dio
oportunidades que sus antepasados nunca conocieron.
Otro
futuro es posible si entendemos que lo que viene es mejor y dejamos el
miedo con el que está cimentado el proyecto de Constitución de la
izquierda. Ciertamente
no sólo es miedo, sino también frustración, rencor, ideologismo lo que
está detrás de cada norma. Por eso quieren refundar Chile, para
manejarlo a su imagen y semejanza, ya que de otra manera no podrán
hacerlo. Eliminarán el Senado; eliminarán la educación subvencionada;
eliminarán el derecho a la vida del que está por nacer; eliminarán la
igualdad entre todos los chilenos; eliminarán la unidad nacional;
eliminarán el ser nacional; eliminarán los actuales símbolos patrios;
eliminarán la historia de Chile con sus distintas visiones; eliminarán
el tipo de leyes que requieren de mayores acuerdos; eliminarán las
esperanzas de libertad por un paternalismo que todo lo invadirá.
Nunca
es más oscura la noche como antes de amanecer. Vivimos tiempos
violentos y engañosos. Sirenas nos cantan bellas canciones en este mar
tormentoso en el que hoy estamos navegando y cual Ulises, debemos
resistir esos cantos para salir triunfantes y tener un futuro mejor al
que nos propone la izquierda radical y antihumanista.