Otro país, otro Chile

¿Otro
país? ¿Otro Chile? Chile no es uno solo, verdaderamente, el país es
varios países a la vez. No se preocupen, no voy a cosificar la cosa. Me
referiré solo a que en estos aciagos días de febrero de 2023, en
particular, en el sur de Chile, de modo inesperado, sorpresivo y, no
tanto, se ha vivido en particular en ciertos territorios días de mucha
aflicción, de drama, de tragedia si no.

Esta
vez, solo para iniciar el relato, ajusto o semejo una comuna con otro
país. Una comuna es un país en sí. Y por estos días de febrero hemos
podido conocer en la voz de sus autoridades, sus alcaldes y alcaldesas
cuánto han debido padecer sus habitantes, en especial los del espacio no
urbano, qué digo, los de la ruralidad neta y nata. Así, escuchamos los
llamados desesperados de ayuda de una alcaldesa, que solo con el pasar
de unas horas comprobaríamos cuánta triste razón tenía en su alarma.

La
preocupación de la alcaldesa provenía del conocimiento que tenía de las
comunidades rurales y de las amenazas del fuego que acechaba a esos
territorios de su comuna. Desgraciadamente, todo le dio la razón.

En
estos días sus llamados urgentes de ayuda posteriores fueron, no más
ropa, menos si está en mal estado, sino materiales de construcción,
clavos, planchas de zinc, maderas, martillos, serruchos, mallas,
carretillas y un cuantuay más, sin embargo, no dejó de sorprender que
pida huevos, miles y decenas de miles de huevos para dar un nuevo inicio
a la crianza de pollos, que muchos, sino todos tenían en sus casas,
hoy, todo, todo irremediablemente perdido. ¡Cuánta razón! Toma sentido
nuevamente aquello de qué es primero,… ¿el huevo o la gallina?

Nueva
comprobación de que estamos ante una clara evidencia de otro país, no
el de la metrópoli, no el de la capital regional, provincial, o comunal,
no la de un pueblo, sino de la constatación de la ruralidad neta y
nata, otro país, otro Chile.

Hace
unos ocho o nueve años, cuando integraba el consejo universitario de
mayor representatividad en mi universidad, al presentarse una propuesta
de plan de estudios de arquitectura, luego de lecturas de informes
previos y de la exposición en pleno consejo, en pleno debate, expuse que
para diferenciar este plan de otros de universidades vecinas, al menos,
se me ocurría que se intencionara la formación de un profesional de la
arquitectura que no apuntara a más urbanismo, más paisajismo, más
edificios inteligentes, más construcciones sustentables, energéticas,
más exitismo, sino que se les permitiera salir de la urbe, de las
metrópolis, de las capitales, de las ciudades, de los pueblos, y que se
internaran en los bosques, en los humedales, en los caminos no
asfaltados, que fueran derechamente a las comunidades, a las villas, a
los caseríos, no para dotarlos de los medios de la urbanidad, sino para
darles en sus medios y con los mismos recursos que tienen a mano, una
mejor calidad de vida, no para aumentar o dar más o mayor precio a su
entorno, sino aumentar su valor. En suma, la idea loca era, formar
también a profesionales de la arquitectura dotados de un mayor
conocimiento de los entornos rurales, campesinos, para retornar ese
conocimiento, modificado, al mismo entorno, con valor agregado.

A lo mejor me equivoco un tanto, pero sí necesitamos este tipo de profesionales integrales, empáticos, proactivos.

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