Los
pactos políticos y las alianzas institucionales no son lo mismo.
Usualmente, quienes recurren a practicarlas no tienen claro la
diferencia entre una u otra. Esta confusión recurrentemente se provoca
por no distinguir el alcance de cada uno dentro de su accionar.
Los
pactos políticos parten de un tema ideológico, los integrantes
comparten ciertos principios o cosmovisiones de gobernar, o sobre las
problemáticas en particular que desean atender. Pero estos también
pueden ir más allá de las ideas en común, pueden ser pactos como el caso
de muchas coaliciones chilenas, donde se reúnen por tener ciertos
grados de afinidad, por las conveniencias electorales que les trae
asociarse, o para sumar apoyos al hacer una alianza con fines de
conseguir resultados más allá de lo ideológico.
Cuando
el pacto va más allá de la simple reunión aritmética, ya son visiones
intelectuales o alianzas institucionales. Tienen una misión en común a
largo plazo, los problemas que atacan y las soluciones institucionales
que buscan van más allá de lo que se debe hacer, buscando más acuerdo de
los que se requiere. Son alianzas que piensan en el futuro de los
países y los Estados.
Hay
que enfatizar que los partidos políticos son parte de la sociedad y han
aportado mucho en el destino de los gobiernos, también han intervenido
en muchas luchas por la instalación de la democracia y la disputa por
los derechos sociales. A su vez, también funcionan como aliados
políticos de las causas populares tales como protestas, huelgas o
manifestaciones. Es por eso que los partidos son identidades creadas
para incentivar la participación democrática de la ciudadanía, y
representarlos, convirtiendo su objetivo principal en proponer
candidatos para los cargos públicos de elección popular que representen a
un colectivo y sus ideas.
A
pesar de todo, estos con el paso del tiempo y producto de los pactos
han ido compartiendo objetivos, intereses, creencias, valores, conductas
y mucho más con sus aliados. Es decir, han creado una cultura, una
forma de comprender la política, de relacionarse con la misma y la
sociedad, creando códigos políticos determinados.
Por
esta misma razón, el partido Demócrata Cristiano (DC), el Partido
Radical (PR), el partido por la Democracia (PPD) y quizás otros más,
ambicionan la formación de un pacto por la estabilidad de la
gobernabilidad, comprometiendo a todos los partidos políticos con
representación parlamentaria que sean a fines a su causa. Tómese esta
acción como la formación de una táctica del centro político, una alianza
contra la impunidad que demanda que no haya arbitrariedad. O si
utilizamos la frase de Gino Girardi, es un pacto “anti indulto”.
En
otras palabras, los partidos de centro izquierda como el PPD, y el PR,
junto a la DC de centro derecha, nuevamente convergen en “Todo por
Chile” para las elecciones de consejeros constitucionales. Estos
partidos sin ser lo mismo son parte de un centro moderado, la centro
izquierda modernizadora y la centro derecha, caracterizados por querer
reformar, pero sin radicalizarse.
Quizás
a muchos no le guste retomar estas posturas que nacen como respuesta a
la mala representación que ha dejado el gobierno con sus indecisiones y
la impunidad que ha tenido antes ciertos temas, tales como los indultos.
No obstante, pese al pesimismo que puede significar volver a viejas
alianzas concertacionistas, es ese mismo pesimismo el que puede permitir
mucho mejores resultados a los esperados, porque obviamente la alianza
se encuentra en una posición privilegiada de moderación.
La
derecha evidentemente quiere cuidar la casa, que se haga lo menos
posible. Mientras el oficialismo quiere cambios radicales, salvo el
partido Socialista. Entre una alianza que quiere la anarquía y otra que
no quiere cambios, la ciudadanía principalmente buscará la tranquilidad y
cambios con imperturbabilidad que puede ofrecer quienes dan moderación.
Entonces,
en eso nos debatimos en Chile ¿tener alianza a largo plazo o buscar
sólo alianzas del tipo electoral?, ¿están dispuesto los partidos y los
ciudadanos a construir un tejido social político y humano para estas
alianzas a largo plazo o solamente pactos electorales que pueden ser
relativamente viables para dar una mínima gobernabilidad?. Si los
partidos toman sus decisiones, qué es lo que hará el ciudadano ante
estas ¿finalmente a quiénes apoyará?