El
destape de la olla respecto a las “fundaciones” para hacer traspaso de
platas públicas para la política mostraron la punta de un iceberg que ha
complicado, no solo al gobierno, sino a todo el mundo político. Las
malas prácticas parecieran ser algo democráticamente repartido. Sin
embargo, los traspasos de platas públicas siempre se hacen desde quienes
están en el gobierno de turno, en el poder y en ese caso, ha sido más
que descarado. Fundaciones recién creadas sin giro, sin experiencia, con
personas vinculadas a parlamentarios dentro del Frente Amplio, ha sido
un real escándalo. Prácticas que buscaban literalmente, “lucrar de la
pobreza”, haciendo trasferencias directas por montos menores a lo que
deben ser informado a la contraloría, para no levantar sospechas.
Simplemente inmoral, hicieron el mal sabiendo que era malo y se cuidaron
de levantar sospechas para no caer. Pero, internamente siempre hay
alguien correcto, o bien uno que no se beneficiaba del mecanismo, cosa
suficiente para que “cantara” y todo se destapara.
El
gobierno no ha hecho mucho, por no decir nada. Tras una semana de
errados dichos hoy condena, pero no hace. La semana terminó sin cambio
de gabinete y nadie realmente ha respondido por las responsabilidades
políticas y personales frente a la aberración de los hechos. El ministro
de Vivienda sigue aún en su cargo, lo que parece insostenible y lo que
es peor, el ministro de Desarrollo Social, ese que llegó a su cargo tras
hacerlo mal y jugar a las “sillitas musicales”, también sigue en su
cargo. Esperemos que el presidente haga alguna vez lo que debe hacer sin
proteger a su “gran amigo”.
La
contraloría escandalizada decidió suspender pago a las fundaciones por
al menos tres meses, para investigar, lo que parece ser más que un
despropósito. En esta pasada pagarán “justos por pecadores”, como
siempre en la historia. El “mecanismo” era usar montos menores,
precisamente para que la Contraloría no saltara. Por lo que, primero
parece absurda la medida, ya que la trampa estaba en las supuestas
“transferencias menores”. Pero más allá de esto, la medida supone que
todas las fundaciones hacen lo mismo. Hay que decir que en Chile hay
muchas fundaciones honestas, y de hecho son la mayoría. Estas hacen una
importante labor en distintas áreas que permiten cubrir las necesidades
de las personas y mejoran la sociedad. Son parte esencial de la acción
de la sociedad civil en la vida social completa y éstas dependen de los
pagos y flujos estatales para su diario quehacer. Deben pagar sueldos y
gastos permanentes que esta acción de la contraloría les impedirá hacer.
Hay una gran diferencia entre fundaciones antiguas de renombre, cuyas
acciones son y han sido evidentes en el tiempo y las fundaciones creadas
en forma acelerada para lucrar de la pobreza para fines políticos y
personales. Las fundaciones “truchas” sin experiencia, tienen poco que
mostrar y su personal es siempre de un mismo perfil, operadores
políticos de esa “dirigencia estudiantil” de la generación “funesta”.
Pero la contraloría no hace caso de la evidencia y no discrimina,
causando un gran perjuicio a las entidades que son esenciales en el
funcionamiento del país. Pensemos en fundaciones como las Rosas, de la
que dependen tantos adultos mayores y cuya labor es evidente y clara.
Fundaciones educacionales como Astoreca, Nocedal, Belén Educa y tantas
otras que entregan educación de calidad a sectores vulnerables con
resultados claros y evidentes en el tiempo. Así como estas fundaciones,
son siempre muchas más las buenas que las malas. Pero son las malas
prácticas de las malas y el descriterio del fiscalizador, que reacciona
ante su incapacidad de fiscalizar, las que dañan y generan perjuicio en
los justos.
Es
triste lo que le pasa al país, pero es bueno saber que la corrupción
está presente, ya que sólo la conciencia de ésta puede ayudar a
erradicarla. Para poder atacar un mal hay que saber que se padece de ese
mal. Hay que ser consciente que el mal existe y tener claro lo que este
mal le puede generar a Chile. Es simple saber qué hace la corrupción a
un país, basta mirar a Latinoamérica como un todo, para entender que es
un cáncer mortal difícil de combatir. Pero para combatirlo hay que estar
de acuerdo en algo esencial, las malas prácticas no se tolerarán y
deben todos los culpables, vengan de donde vengan, ser públicamente
condenados y castigados. Las penas deben ser draconianas, ya que sólo
esto hará que, al menos frente a la tentación que siempre está, la
piensen dos veces. Además, queda claro que lo que más le falta a la
clase política, en general, es entender que el bien es su norte y que
las virtudes son esenciales para ejercer toda función, especialmente la
función pública. Es por esto, que es esencial, es un deber moral que el
presidente haga lo que debe hacer: hacer “rodar las cabezas” de los
responsables políticos de estos hechos. Basta ya de cortar siempre el
hilo por lo más delgado. Es hora de que los pecadores paguen por sus
faltas y estas faltas son de acción o de responsabilidad frente a esas
acciones, la falta de fiscalización. “Yo no sabía” es tan grave como el
hacer o saber. Y cuidado, no hacer pagar a “justos por pecadores”, algo
siempre lamentable pero que es un recurrente en la historia.