La libertad se ha
erigido durante siglos como un principio que debemos respetar y promover
en distintas facetas de la vida y, al mismo tiempo, dado su profundo
raigambre en la sociedad, se ha utilizado de forma recurrente y
transversal al momento de intentar influir sobre la opinión pública
cuando está en la palestra un tema en particular.
Como
consecuencia de la multiplicidad de máscaras que puede transportar la
libertad arrastra consigo una variedad de usos, siendo muchos de ellos
disímiles y en apariencia contraproducentes entre sí. Por esa razón, es
plausible dividirla en dos grandes categorías para tener un marco sobre
el cual hablar sobre la Libertad: La libertad positiva y negativa.
A
grandes rasgos la primera dice relación con la capacidad de una persona
para tomar decisiones lo cual, implica tener las oportunidades y
recursos necesarios para poder ejecutarlas y, por otro lado, la negativa
se refiere a que no hayan obstáculos que limiten a las personas para
llevar a cabo sus aspiraciones y proyecto de vida.
En
principio, existe consenso en que no debieran existir grandes barreras
externas que obstaculicen el accionar de las personas, sin embargo, no
podemos decir lo mismo de la libertad positiva que, como ya se mencionó,
hace referencia a tener las oportunidades necesarias para poder llevar a
cabo los proyectos de vida de cada quien. Es en este punto donde creo
se encuentra la poca honestidad intelectual de la derecha al hablar de
que es necesario tener la “Libertad para elegir”.
La
libertad de elegir presupone que todas y todos podremos acceder a
distintos servicios de igual manera, sin que existan variables que
influyan sobre ello. Ahora bien, sabemos que eso no es así y ese es
precisamente el riesgo de aquella frase articulada una y otra vez como
slogan. Por ejemplo, si nos basamos en el ingreso promedio anunciado por
el INE el año 2022, este asciende a $757.752, lo que significa que en
caso de querer que un hijo estudie en un colegio privado, los cuales
suelen tener los mejores puntajes Simce y de la PAES, tendría que
destinar aproximadamente un 40% de su sueldo en colegiatura, sin tomar
en consideración matrícula, materiales u otros gastos asociados a los
establecimientos educacionales y su forma de enseñar. Esto es una proeza
difícil de concretar.
Es
con este ejemplo donde es posible comprender la limitación que tiene en
sí mismo la Libertad para elegir. Al respecto solo queda insistir en
que sí creemos en aquella libertad, siempre cuando exista igualdad en
cuanto al acceso de oportunidades y que el lugar de nacimiento o la
capacidad económica familiar no sea un factor crucial para determinar el
proyecto de vida de cada quien.
La libertad no se debería comprar, deberíamos poder ejercerla y vivirla en cada ámbito de nuestras vidas