La
crisis de seguridad que sacude dolorosamente a la Patria entera ha
venido a demostrar, una vez más, que muchas autoridades en ejercicio hoy
y desde hace sólo un par de años no más, sólo lanzan palos al aire,
porque sólo sabían tirar piedras, palos, bombas Molotov, quemar iglesias
o estaciones de metro o saquear establecimientos comerciales, en
especial, farmacias.
Y
no por ceguera, porque hay ciegos que pese a su falta total de visión,
son certeros cuando lanzan golpes o se defienden de los que les lanzan
los bellacos cobardes que nunca faltan.
Muchas
de esas autoridades, simplemente, se niegan, desde hace unos meses, a
ver que la Patria ha sido invadida por delincuentes, individuales, los
menos, o que forman parte, los más. de organizaciones criminales que
operan a nivel internacional, más bien, mundial y no se asuste, porque
es así.
Palos
al aire, descoordinación, fiscales tapados de trabajo, rodeados de
múltiples causas, pocos carabineros y detectives, personal insuficiente
para investigar, ubicar y detener, promesas de nuevas medidas y más y
más humo para reforzar u ocultar lo vacío de los repetidos discursos
para combatir al crimen organizado.
Y
esos palos al aire los hacen apoyarse en estadísticas que son inexactas
y que de tanto manoseo demagógico, se caen y al caer dejan en evidencia
que “la mentira tiene patas cortas”….una vez más.
Pero
la crisis de seguridad ha seguido adelante y hay que tener en cuenta
que los asesinatos, entre ellos cuatro niños chilenos y decenas de
extranjeros, jalonan con sangre las calles, caminos y parcelas no sólo
de la capital.
Las
dos almas (¿?) de esta nefasta administración se unen para tratar de
detenerla, pero sus contradicciones internas entre los integrantes de
este frente amplio comunista frenan su avance porque hasta la ubicación
de una cárcel de alta seguridad los separa mientras el crimen
organizado, el narcotráfico y los sicarios ríen a mandíbula batiente.
Penoso,
criticable y repudiable espectáculo porque se demora la aplicación de
la cada vez más necesaria mano dura, con modificaciones sustanciales a
las leyes penales, con fiscales y fuerzas policiales mejor equipadas y
con respaldo para indicar a la justicia el ritmo y la dirección de su
aporte a esta lucha contra la violencia delictual.
Y
mientras eso no ocurra, seguirán dándose más palos al aire que, en
definitiva, sólo golpean a Chile, a nuestra región, a la credibilidad
de nuestras instituciones y a que millones de chilenos se pregunten
cuando aparecerá nuestro propio Bukele.