Pandemia: desafío de cooperación y compromiso

 Quién
no disfrutó con aquellas historias de ciencia ficción que en más de
alguna ocasión escuchamos u observamos a través de la pantalla en algún
cine de la época. La angustia y desesperación reflejado en rostros de
adultos y niños, estos últimos sin entender que ocurría. Eso era
ficción.

Ciudades
completas abandonadas, centros industriales cerrados, bancos y
financieras anunciando la depresión económica, la carencia de activos,
centros médicos incapaces de poder frenar los efectos de una pandemia
que se extendía implacablemente por el mundo (aún no se utilizaba el
concepto de globalidad), los militares desarrollando tareas de búsqueda y
rescate o movilizando civiles en la evacuación de determinados
poblados. Aeropuertos colapsados ante la insistencia de conseguir un
vuelo que le retorne a sus lugares de origen.

En
estos días, mucho de ello nos ha tocado compartir. Ya no es celuloide,
comentario, historia, aventuras ni menos el argumento fílmico … esto
es realidad, lo estamos experimentando en vivo y en directo y no hace
falta aquí repetir lo que es posible presenciar a diario.

Tal
vez, las veces que vimos aquello en la pantalla grande nunca imaginamos
que en algún momento de nuestra existencia seriamos parte activa de una
situación similar.

Como ha reiterado el Presidente Sebastián Piñera, estamos enfrentando la peor crisis sanitaria de los últimos cien años.  

Y
aquí estamos, intentando mantener una rutina que se ve alterada por
cifras, números y gráficos que en el fondo tienen rostros, nombres y
apellidos, cada uno de ellos con una realidad particular que seguramente
desconocemos pero que sin embargo no deja de doler.

Probablemente
ese es el objetivo final de los datos, lograr sensibilizarnos sobre la
importancia del momento que estamos viviendo como humanidad.

Nuestra
responsabilidad de ciudadano y ciudadana emerge para ser parte de la
solución o al menos para bajar su efecto nocivo sobre la población,
mitigar. De lo contrario, se está contribuyendo a que la tarea
demoledora del virus sea más fácil y, por ende, más invasiva, cruel y
letal.

En
ocasiones, que digo, siempre, resulta más cómodo y sencillo criticar,
cuestionar y destacar lo que según nuestra particular visión de los
hechos nos señala que se está haciendo mal o de manera errada. Siempre
el otro es un inepto; nos jactamos de nuestra capacidad intelectual y
mejor criterio. Eso se llama vanidad, soberbia, egocentrismo puro.

Hoy,
requerimos unirnos en torno de una lucha sin cuartel frente a un
enemigo común. Todos están empeñados en vencerle y hacia allá están
orientados los esfuerzos. Para ello, cobra más sentido que nunca el
dejar de lado las legítimas diferencias. No malgastemos esfuerzos, bríos
o recursos inútilmente y redireccionémoslos hacia quien corresponde,
este flagelo que nos invade y no tiene visos de detener su implacable y
demoledor accionar.

Se
puede discrepar, no estar de acuerdo o creer que las cosas se pueden
hacer de mejor forma, pero no podemos, mucho menos en este instante, dar
lugar a las agresiones gratuitas, a las malas intenciones o a las
descalificaciones. Lo que necesitamos hoy es, todo lo contrario, suma
reacciones, voluntades y todos los esfuerzos necesarios para salir
adelante y contrarrestar los efectos y consecuencias que de manera
transversal están afectando a nuestras comunidades.

 Ninguna
medida o acción tendrá el efecto buscado si no contamos con el
compromiso y esfuerzo de todos, ese es el desafío hoy, estar del lado de
la solución y no del otro.

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