Mucho
se ha hablado de la vuelta a clases presenciales, pensando en la salud
mental y emocional de los niños y niñas y también la de sus padres y
madres. Pero, ¿estamos preparados realmente para esto?. Este ha sido un
tema recurrente, del cual me he referido latamente por este medio, pero
creo que se debe ser aún más claro respecto al tema.
En
un punto estamos de acuerdo: los alumnos y alumnas necesitan compartir
con sus pares y docentes, después de un año difícil, de encierro e
incertidumbre, que aún se percibe. Por un lado el Colegio Médico dice
que se debe volver a clases presenciales “pero para ello deben existir
ciertas condiciones epidemiológicas”, ¿pero en qué momento se dará esto
si la circulación viral ya está desatada en el país?, ¿en fase 5 o
cuando no exista ningún contagio, por ejemplo? Asimismo, las
autoridades de educación constantemente hacen un llamado a que los
padres envíen a sus hijos al colegio, porque éste es un lugar seguro y
se ha trabajado en todos los protocolos sanitarios correspondientes, lo
cual podría ser cierto, ¿pero se puede evitar lo que los mismos
personeros declaran que es inevitable: que aparezcan casos positivos en
los colegios y eventualmente, se propaguen a otros escolares y docentes?
Si los establecimientos educacionales siguen todos los protocolos puede
que sean espacios seguros, pero una cosa es lo que dice un documento y
otra es la aplicación práctica de éstos (personal suficiente para
supervisar el correcto uso de mascarillas y distanciamiento social,
infraestructura deficiente o escasa, etc.). Siendo optimistas, podría
darse que dentro del colegio no se produzcan contagios, pero cómo evitar
qué éstos vengan de afuera, de algún familiar contagiado, de algún
joven que fue a una “fiesta clandestina” o que tuvo un “comportamiento
de riesgo” después del horario escolar o de un contacto estrecho. En
este sentido los colegios junto al área de salud de la región han
actuado rápidamente ante algunos casos detectados. Pero aunque esto
ocurra, el temor en los apoderados sigue existiendo y una gran mayoría
estaría prefiriendo seguir con el aprendizaje remoto, que para bien o
para mal, es menos riesgoso sanitariamente.
El
punto es si se justifica implementar las clases “híbridas” para darle
en el gusto a aquellos que insisten majaderamente con volver. Desde el
punto vista pedagógico, el efecto en los aprendizajes de tener a 5
alumnos o alumnas en la sala y 25 conectados desde su casa, es casi
nulo, ya que aparecerán muchos distractores que no harán posible que el
docente pueda dictar su clase con normalidad. Pero la presión existe,
por parte de distintos Servicios, que en esta época han aparecido como
nunca, con mucha fuerza, fiscalizando como un sabueso hasta el más
mínimo detalle, aunque no sea de su competencia, como si recibieran
comisión por levantar un sumario. Estamos con un curriculum priorizado,
se está enseñando lo que realmente es significativo, útil y necesario y
se han hecho grandes esfuerzos para cumplir con este objetivo. No
tiremos por la borda todo lo que se ha avanzado, por el capricho de unos
pocos, pero que hacen ruido y nos tratan de hacer creer que todo es
normal. No tiene sentido arriesgarse. La educación pública ha perdido
alumnos, ya que la deserción escolar aumentó este año, ¿será por eso
tanta insistencia?