Los últimos días la controversia de cara al plebiscito se ha instalado en el cierre del proceso constitucional. Este comenzó formalmente a fines del segundo gobierno del Bachelet, que mediante cabildos intentó hacer una nueva constitución. Luego vino la insurrección de octubre del 2019 y el acuerdo sobre una nueva constitución de noviembre de ese mismo año. Le siguió la primera propuesta que fue rechazada con contundencia en septiembre del 2022 y ahora un nuevo plebiscito el próximo 17 de diciembre. Estamos hace más de cinco años metidos en este verdadero enredo, mientras el mundo avanza y el país se mira al ombligo.
Para algunos un eventual triunfo del En Contra cerrará el proceso constitucional. Así lo han declarado altos dirigentes de los partidos de gobierno. Sin embargo acá hay matices. Unos dicen que la pausa es sólo hasta el término del gobierno de Boric, en dos años más. Para otros debe ser por siete años. Todos ellos no obstante coinciden en que la discusión debe trasladarse al Congreso Nacional, para instar ahí por las reformas que no pudieron hacer en los dos procesos. Es decir, habría cierre del proceso, pero la discusión sobre una nueva constitución continuaría en el Congreso Nacional a cargo de los partidos políticos. Como como se puede advertir con cierta facilidad, el tal mentado cierre del proceso constitucional ganando el En Contra, es sólo una maniobra política.
Por el contrario se hace evidente que al tener un nuevo texto la discusión se termina de inmediato. Pocos entenderían que si se tiene una nueva constitución aprobada por el pueblo, se comenzara incluso en el mediano plazo, a abrir otro proceso constituyente. De manera que sólo el triunfo del A Favor facilita la culminación de cualquier proceso para una nueva constitución. Este hecho es objetivo, con prescindencia del análisis del texto propuesto. Frente a la contundencia de haber logrado una nueva constitución en diciembre próximo, sería inviable abrir otro proceso.
¿El proyecto es fruto del consenso de la sociedad chilena; que por ello requiere ser aprobado y dar por finiquitado un nuevo proceso constituyente? Es evidente que este texto no recoge el consenso esperado. Pero lo que se esperaba de ambos procesos no es realista ni se condice con la historia. Cuando se eligen personas para redactar una constitución, el texto será necesariamente fruto de la mayoría, especialmente cuando los bandos tienen posiciones políticas, económicas y filosóficas tan encontradas. Es ilusorio pensar que un sector importante del país que hoy está en el gobierno, luego de la insurrección de octubre del 2019 cuando quiso refundar el país, hoy dé su consenso para tener normas que se alejan mucho de su ideario. Por eso mantendrán abierta la discusión sobre una nueva constitución. Sólo esperan la oportunidad de hacerlo, pero tarde o temprano lo harán. Y será más temprano que tarde si gana el En Contra.
Lo único que garantiza no seguir con otro proceso constituyente, es aprobar el texto este próximo 17 de diciembre. Se debe recordar que la propuesta respeta los bordes o límites que casi todos los partidos políticos pusieron a un eventual nuevo texto. La propuesta en su marco institucional es fruto del consenso de los partidos políticos. Que algunos quieran borrar con el codo lo que escribieron con la mano, no obsta para que la constitución propuesta pase a la historia como la primera escrita y aprobada en democracia. Como fuere y en todo caso, el país no se acaba si gana el En Contra. Somos más que una elección.