Un
camino largo han tenido que pasar los emprendedores de los distintos
sectores económicos de nuestro país desde el 2019, cuando en octubre de
ese año la insurrección se tomó las calles, irrumpiendo, quemando,
saqueando y destruyendo la propiedad privada, negocios, emprendimientos y
fuentes de trabajo, y que luego de la aparición del Covid-19, el
padecimiento e inestabilidad de los negocios se ha dilatado entre
vaivenes por las medidas y restricciones del gobierno. El emprendedor o
empresario sabe que su capital siempre está expuesto al riesgo, por la
competencia del mercado, por ciclos económicos o una idea de negocio mal
pensada o ejecutada, el problema es cuando el riesgo no pasa por estas
variables sino por las restricciones impuestas por la burocracia
Estatal.
La
vacunación no es obligatoria, pero el sometimiento es implícito. Si se
tiene pase de movilidad, no se puede gastar el dinero de forma libre y
tranquila, pues ya no es solo la burocracia la que hostiga, sino que la
“masa enfurecida”, personas comunes y corrientes, las que también son
parte de la policía del pensamiento, te critican, te condenan y te
juzgan porque no cumples con la orden. Por ejemplo, los emprendedores
del sector gastronómico sintieron los coletazos inmediatamente por los
efectos que llegaron para sus negocios por las medidas gubernamentales.
Primero las cuarentenas, después las restricciones de movilidad, luego
aforos, posteriormente el pase de movilidad, y transversalmente las
fiscalizaciones y multas, y así, se hizo necesaria la innovación para
adaptarse a las nuevas plataformas digitales y poder mantener sus
fuentes de ingresos en pie. Como siempre, es la creatividad, la acción
humana, aquella creadora de riqueza la que sobresale en todo tiempo.
Desafortunadamente, restaurantes y dueños gastronómicos por temor a
adquirir alguna multa ceden y se someten a todas las medidas impuestas,
¿qué pasará con los paraderos habituales de turistas en nuestros bordes
costeros, en los locales de gastronomía tradicional de nuestro sur?, o
por ejemplo, ¿las fiestas costumbristas que son las fuente de ingresos
de muchas familias en esta temporada estival?, ¿hasta cuándo será la
vigilancia y control sin límites? Se descargó el teléfono, no hay pase
de movilidad y entonces, no puedes entrar. Vas con tu familia, un
integrante de ella no tiene el sistema de vacunación completo y no puede
entrar. Pasamos a fase 3, se reducen los aforos, reducen los ingresos
pero los costos fijos son los mismos, los empleados también y las
responsabilidades financieras se deben cumplir.
Nos
acostumbramos a estar como borregos en una granja, aceptando en
silencio. Al fiel estilo orwelliano, el gran hermano te está mirando en
cada momento, en cada lugar, y este gran hermano de políticos y
burócratas no solo te miran, sino también te controlan. En algunos
países ya se habla del chip subcutáneo (terrorífica forma de
vigilancia), impuestos, o de lleno la obligatoriedad que promueven
algunos “especialistas”. Quienes defendemos la libertad, estamos por la
dignidad humana y el respeto a la vida privada de cada persona.
Extrañamos recorrer tranquilos nuestra ciudades, salir a comer en
familia, sin necesidad de tener que mostrar un código para validar
nuestro ingreso. Bien decía Aleksander Solzhenitsyn, que “la libertad es
libertad interior, dada al hombre por Dios: la libertad de decidir
sobre nuestras acciones y omisiones, así como la responsabilidad moral
por ello”, nosotros como individuos somos dueños de nuestras decisiones y
al mismo tiempo responsables de ellas, de eso se trata la libertad.