Consultamos a 400 magallánicos respecto de lo que considera prioritario para salir de la crisis. El 52% de los encuestados, es decir, 210 personas señalaron que lo más urgente es recuperar el empleo. En tiempos de elecciones, la venta de pomadas milagrosas de los populistas se anuncia prometedora. Pero los que nos hemos dedicado seriamente a estos temas, sabemos que la solución sostenible no se basa en la keynesiana fórmula de mayor gasto público. Después de 200 años de vida independiente de los países latinoamericanos, podemos estar seguros del fracaso del modelo de desarrollo latinoamericano. Si bien Chile se había despegado, hoy se inclina a volver a sus orígenes. Una característica común de los países de nuestro barrio (a diferencia de los países desarrollados) son las malas reglas para hacer negocios desde los tiempos de la colonia y que perpetúan la pobreza. Entonces, ¿cómo se hace la transición de una situación de pobreza a una de riqueza? ¿Cómo transitamos de la informalidad (reglas que no se cumplen) hacia la formalidad de reglas que si se puedan cumplir? ¿Cómo evolucionamos de una situación regional de desempleo y quiebra de PYMES hacia una de empleo que saque de la condición de pobreza y vulnerabilidad a nuestra gente? Concebir el Estado como motor de desarrollo es un error. El Estado no tiene la capacidad ni el conocimiento para emprender las múltiples iniciativas e ideas que nacen de millones de personas que las crean diariamente. No es sensato esperar de un burócrata capacidad para entender la diversidad creadora de los emprendedores cuando nunca han creado una sola empresa. El Estado es inherentemente ineficiente para empujar por si solo el desarrollo económico a pesar que algunos se esmeran por creer en las fantasías de Peter Pan. Cada actor del sector privado es un experto en su negocio. Las empresas regionales son en un 98% MIPYMES, es decir, más de 11500 empresas son básicamente emprendimientos entre padre e hijo, más unos cuantos colaboradores. Esas pequeñas empresas, que son miles, contratan a la mayoría de los trabajadores de la región. Pero ese mayoritario número de empresas aporta una parte menor del PIB regional. Entonces, el clásico burócrata, que nunca ha estado desempleado ni ha creado empresas, se siente cómodo hablando con ese 1% de grandes empresas, que crean la mayor parte del PIB, pero que emplea a una reducida proporción de trabajadores. Ese político tradicional, que deambula por los pasillos del poder hace décadas, no sabe lidiar con el 98% de la economía formal e informal donde se encuentra la inmensa mayoría de los trabajadores magallánicos. Además, miles de emprendedores tienen que ser, todo al mismo tiempo: comerciante, abogado, contador, administrador, banquero, etc., resolviendo las complejas reglas que le impone un Estado lego e ineficiente. Por eso, cuando escuche desde un respetable y aséptico delantal de quirófano la añeja y mesiánica receta para recuperar la actividad económica y el empleo, usted debe al menos preguntarse si solo con buenas intenciones se puede generar riqueza en la economía. Como decía mi abuelita: pastelero a tus pasteles. El Gobierno Regional no debe estar por encima de la situación, ejerciendo el poder desde arriba, sino que, posicionado desde abajo, siendo un facilitador de servicios para que, con reglas simples, intuitivas y digitales, la creación de empresas y valor dependa más de la voluntad de emprender que de otros obstáculos. Seré el Gobernador Regional pro empresa y pro trabajadores para devolver el dinamismo y prosperidad a nuestra región. De nosotros depende poner a Magallanes Primero.