Patrimonio de la humanidad y algo más

Resultan increíbles los
significados que representan para los ciudadanos el desplazarse por avenidas y
arterias de la ciudad. En cada espacio de ella, están acuñados los recuerdos y
vivencias que en algún momento  tocó
experimentar y se agolpan a nuestras mentes nombres,  situaciones, aromas, colores, ambientes y por
cierto, las figuras de quienes acompañaron nuestras aventuras y juegos de
antaño; aquellos asoman en forma indescriptibles e intentamos aferrarnos a esos
recuerdos, queriendo revivir esa época que nos permitió tejer en el tiempo, un
futuro que hoy ya degustamos.  

El clásico barrio cobra
notoriedad con su típico almacén o boliche, con la vecina que ingresa a tu
hogar sin mayor protocolo que el que otorga la amistad y “buena vecindad”. La
pichanga tradicional  en un  lugar cualquiera, sólo  se requiere el espacio y que los equipos
queden medianamente equilibrados. 
Uno  se asegurara  que el “Chamaco” juegue por ellos, así
aseguran la pichanga., ¿qué quien parte? , 
echemos la moneda al aire. .  .
Así,  todos contentos.  

Esta fiesta del patrimonio, trae
consigo esa magia que nos permite adentrarnos en esa mal simulada máquina del
tiempo, trasladándonos vertiginosamente de un lugar a otro.

De esa forma, sin percatarnos;
cruzamos la gruesa mar y nos adentramos hacia el extremo sur; ese lugar
recóndito y prístino, donde habita una mujer que ha recibido cuanto halago se
pueda expresar y que bien merecido lo tiene. Es una mujer octogenaria y en cuyo
entorno se aferra una raza que despliega toda su esperanza y fe  en la sabiduría que emerge de la abuela
Cristina.

Hoy en día, sus hijos (as).,
asumen que su madre no les pertenece en exclusiva, puesto que los demás
miembros la sienten como la propia y la buscan para recibir de vez en cuando
una palabra, un consejo, una orientación o simplemente para demostrarle su
respeto y admiración.

La abuela es considerada por
cuanto visitante llegue a la isla. Es frecuente verle en los primeros lugares
en ocasiones especiales. Todos reclaman una foto en su compañía, no se hace de
rogar. Con su sencillez y naturalidad propia de sus años, accede sin mostrar
rasgo de cansancio o incomodidad. Los más 
pequeños revolotean en su derredor, en ocasiones se sorprende de
observar que el pequeño que vio ayer en brazos de su madre, hoy ya esté  en la escuela 
y con cierto grado de independencia. 
Entonces se le dibuja una sonrisa y sus pequeños ojos brillan con un
dejo de emoción mal disimulada.

Su rutina es elaborar sus
trabajos artesanales., sus dedos acostumbrados al contacto permanente del
junco, permiten que dibuje y  de vida a
objetos diversos. Privilegiada, la materia prima, se entrega sin resistencia a
la voluntad de la insigne artesana.  

Capítulo aparte es, el escuchar
casi en monotonía, hablar en su lengua, entonces entorna los ojos y se
transporta  a sus inicios, su infancia,
adolescencia,   a sus primeras querencias
allá en Harbenton. 

Momento oportuno para ofrecerle
el saludo de quienes le conocemos de cerca y valoramos su presencia e
integración a la comunidad. Ha cumplido un nuevo año de vida y coincide con la
fiesta del patrimonio. Salud abuela y que el altísimo colme de salud y vida por
un largo tiempo, para que cada año., vivenciemos en tu persona, el valor del
patrimonio vivo que esa, tu isla se privilegia en poseer.

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