Patriotismo

En
unos días más habrá un principio de cambio en Chile, donde una
coalición distinta a las que tradicionalmente tenían la ocasión de
rotarse en el poder se hará cargo de la conducción del país. A los
habitantes de nuestra nación les interesa que todo salga bien, que se
puedan cumplir las promesas hechas en campaña y que se pueda vivir en un
ambiente de seguridad. Independiente de esta misión, estaremos atentos
al resultado de la Asamblea Convencional, mandatada a darnos un nuevo
marco normativo para transformar el clamor de las calles en una nueva
acción ciudadana. Todos están interesados por dar lo mejor de sí y,
dejando la comodidad de los hogares, se han dispuesto a servir, y eso
los constituye en patriotas. En estos tiempos convulsos debe exigirse
moderación a los que quieren poner barreras en el camino y que, sin
darse cuenta, se han coludido con sectores que no ven más allá de sus
propios y exclusivos intereses. La narcocriminalidad estará feliz que
exista un atentado político de parte de quienes representan a la
oposición, pues les harán el juego a las mafias organizadas que tan mal
le están haciendo a nuestro país. Mientras se intente estresar al nuevo
Gobierno con acciones de presión en todas y cada una de las áreas donde
el actual modelo fue incapaz, tendremos una acción delincuencial sin
piedad, sumado a extraños y sospechosos intereses que intentarán
mantener los actuales conflictos a pesar de que se intentará superarlos
con un diálogo que aún no comienza. Sabemos cómo piensan los que
llevarán la dirección del destino de estos próximos cuatro años, y eso
quedó reflejado en la cantidad de votos que obtuvo Boric para estar
allí, a punto de jurar como próximo Presidente de la República. Como
buenos ciudadanos, y como respuesta al clamor popular, debemos poner
todos nuestros esfuerzos para que sea así y no hacernos eco de quienes
subrepticiamente o de manera desatada buscan posicionar temas que ya la
ciudadanía no acoge. El patriotismo es parte intrínseca del alma del
chileno, y no es solo un eslogan del que un grupúsculo quiere
apropiarse. Ya nos hemos olvidado que en el pasado nos dividieron con
ese juego, donde los patriotas eran unos y los antipatriotas éramos los
demás, solo por no ser partidarios de las ideas de quien ejercía el
poder y que les daba el derecho a eliminarnos. Una verdad íntima en el
espíritu del pueblo que nadie debería intentar siquiera cuestionar y
menos aun usufructuar. Patriotismo es ser leal y honesto en lo que la
nación les otorga a los funcionarios públicos, no importa el cargo o
grado con el cual se inviste. Si es modesto, es un llamado a hacer bien
la pega y cumplir la función con toda la energía y mejor disposición
posible, pues constituirá el mérito para ascender en la estructura, y,
por otra parte, mientras más alto se esté, debe hacerse como un ejemplo
inspirador para dar confiabilidad al aparato estatal. Por ello, no por
ostentar un rango o vestir un uniforme financiado por todos los chilenos
se le puede atribuir la calidad de patriota, menos cuando en el uso de
ese mando o cargo se ha burlado la confianza entregada. Vergonzoso es
ver a los que ostentando ese poder como un derecho han mancillado la
memoria de los verdaderos representantes de nuestra historia que, en el
pasado, y sin grandes recursos y con pocos implementos, se inmolaron
para darnos aquello que llamamos “libertad”. Cuando vemos al alto mando
cuestionado y perseguido de la manera que se nos ha presentado, no
podemos ignorar que se trata de una práctica aprendida y desarrollada
con total impunidad y descaro, y realizada con tal naturalidad que nos
resulta incomprensible que existan personas que justifiquen o defiendan
de una manera casi irracional ese “reservado privilegio”. El patriotismo
también se ve en la acción política, donde el silencio cómplice por
situaciones como esta daña y sangra esa alma, y donde, para dejarlas en
el olvido, se les da una innecesaria cobertura mediática a vociferadores
que, gracias a una representación que nadie sabe de dónde la han
obtenido, actúan como voceros de sus ideas propias por sobre las de los
colectivos que integran, levantando polémicas y enredando a la opinión
pública.

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