Peligro al volante

A
los que tenemos hijos marzo nos hace olvidar la guerra, el desgobierno
de Sebastián Piñera, la inflación, la pandemia y tantos otros temas
urgentes. El uniforme, los útiles escolares, los tacos y un sinfín de
autos en doble fila pasan a ser parte prioritaria de nuestras
preocupaciones, nuestros enfados y reclamos. Por suerte, la mayoría de
estas situaciones tienen corta duración y se focalizan los primeros días
de marzo o en algunos horarios puntuales del día. Sin embargo, hay
algunos de esos problemas que son endémicos, y es bueno exponerlos para
buscar soluciones desde el ámbito público. Los magallánicos somos malos
conductores, expresado en una serie de hábitos que terminan ocasionando
graves accidentes y la pérdida de vidas humanas. A diario se puede
observar maniobras imprudentes, estacionarse prolongadamente en doble
fila, el uso majadero de la pista izquierda, estacionarse en las veredas
o cualquier espacio no apropiado, y otras más violentas como no
respetar los pasos peatonales, vehículos a alta velocidad o que no
respetan las señales de tránsito y los semáforos, o manejar bajo la
influencia del alcohol. Sumado a todo ello se debe agregar que muchos
conductores utilizan su teléfono celular al momento de manejar, lo que
disminuye su atención y aumenta la posibilidad de accidentes. Son tantos
los malos hábitos y la posibilidad de observarlos con cotidianidad que
todo apunta a que los conductores no asumen en conciencia los peligrosos
que ello ocasiona. Son un verdadero peligro al volante. La mala
conducción trae consigo la pérdida de paciencia de los conductores y
ante cualquier anomalía comienzan los bocinazos, los insultos verbales o
las maniobras agresivas, que muchas veces terminan en conatos o causan
algún tipo de accidente. El conductor magallánico se ha puesto más
violento y mucho más imprudente frente a una saturación de las vías o al
comportamiento de otro chofer. Calma y tranquilidad es lo menos que se
observa en los horarios punta. Lo grave es que las conductas se han
hecho cotidianas. Por ejemplo, la luz amarilla del semáforo es una
alerta de transición del verde al rojo que invita a detener el vehículo;
sin embargo, hoy en día los conductores aprovechan hasta su último
destello para pasar la intersección incluso acelerando más allá de lo
permitido. Como resultado, muchas veces cruzan totalmente en rojo. A
esta práctica habitual se han sumado los choferes de locomoción
colectiva, buses y colectivos, con el inminente riesgo a sus pasajeros.
El problema es que nadie fiscaliza, ni la autoridad de transporte, ni el
empresario, ni Carabineros; nadie en definitiva se preocupa de poner un
alto a tan arriesgada conducta.Otro ejemplo cotidiano es la costumbre
de estacionar en doble fila, lo cual se hace extremadamente evidente en
calle Bories. Al haber estacionamiento a ambos lados se llega al extremo
de quedar ambas pistas de tránsito bloqueadas, generando tacos
innecesarios, o recurrir a un serpenteo riesgoso para poder continuar la
marcha. Bocinazos, insultos y la mirada indiferente de un eventual
carabinero, también son parte de lo cotidiano. En una ciudad con
conductores que han aprendido a manejar en la calle, sin haber leído la
Ley de Tránsito, y en donde, además, el parque automotriz per cápita
supera con creces el promedio nacional, es indispensable que las
instituciones correspondientes asuman sus responsabilidades para poder
tener una adecuada conducta vial. Mientras tanto, seamos conductores
responsables y conscientes, por nuestra salud mental y el respeto a la
vida.

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