Las
drogas siempre han generado debate y son punto de interés respecto de
varios temas. Desde hace una década se registra una tendencia al alza en
el consumo en Chile, pues dicho porcentaje subió a casi 27%, y, según
las últimas cifras, a un nuevo máximo histórico de 41,2%. Estos números
surgen en medio de las ideas sobre la conveniencia de legalizar la
marihuana. Son numerosas las propuestas de legalizar el autocultivo y
dejar de calificar la marihuana como droga ilegal, en sintonía con los
cambios que se impulsan en otros países. Quienes están a favor
profundizan sus argumentos en que los costos asociados a la adicción de
algunos serían contrarrestados por los grandes ahorros de recursos
públicos que se conseguirían al dejar de perseguir penalmente su consumo
y tráfico, los ingresos por impuestos y
los menores riesgos en seguridad, propios de su comercialización
clandestina, y en salud, que un mercado regulado se supone lograría. Y
por el contrario, hay amplio consenso sobre lo negativo que resulta su
consumo por parte de menores de edad. Al predecir qué ocurriría en Chile
de regularse como droga legal es la trayectoria que ha tenido la venta
regulada para adultos y prohibida para menores de otras sustancias,
tales como el alcohol. Según las últimas cifras, en Magallanes más de 6
de cada 10 menores declaran haber consumido alcohol en el último año, y
más de un tercio de los escolares, en el último mes. De esa forma se
confirma que en Chile persisten desafíos importantes en hacer valer las
normas existentes, por una parte, y en el despliegue masivo de
programas preventivos eficaces. Por eso es bueno el debate y poner en la
balanza de la legalización si estamos o no preparados con una adecuada
implementación de políticas de Estado.