En
la presente coyuntura nacional nos hemos encontrado con manifestaciones
que en forma libre y respetando a otras personas, muchas veces haciendo
notar en forma lúdica puntos que por mucho tiempo habían pasado
inadvertidos por la sociedad en general.
Muy
diferente ha sido el actuar de vándalos, que muchas veces amparados en
tumultos y las sombras, muchas veces ocultando su rostro, han
aprovechado para tratar de implementar el terror destruyendo bienes
públicos y privados, muchas veces poniendo en jaque a emprendedores que
tras muchos años de esfuerzo y sacrificio lo han perdido todo.
Este
es un punto opuesto a todo tipo de reivindicación social y política, en
donde el establecimiento del terror y la violencia como medio y fin,
han conllevado a pérdidas millonarias en infraestructura pública, en
donde recursos tendrán que ser redestinados, perdiéndose confianza y
sobre todo tranquilidad.
No
es lo mismo una marcha pacífica que nos ha llenado de colores y
alegría, a los delincuentes que rayan, destruyen y queman parte de
nuestra ciudad, haciendo un daño multidimensional a nuestra ciudad,
asustando a sus habitantes y generando pérdidas económicas en
inversiones a futuro y dañando fuertemente nuestra economía local.
Es
así como es necesario realizar una crítica necesaria a los procesos de
investigación que se han llevado a cabo por parte de la fiscalía, parece
paradójico que tras casi 30 días tan sólo dos personas estén en la
cárcel por daños a la propiedad pública y privada, así como también no
es posible que la “puerta giratoria” siga funcionando con total
liviandad.
También
es el caso de la ciudadanía que ha perdido la confianza en denunciar
estos hechos de violencia y delictual, amparando incluso la quema de
papeles en establecimientos
educaciones en “toma de salas”, poniendo en riesgo no tan solo la
integridad física de quienes cometen estos actos sino también de la
comunidad educativa. En el caso de Educación la obligación de denunciar
delitos supera cualquier marco de un Manual de Convivencia, o simpatía
que uno pueda o no tener por una “supuesta adhesión” a una causa.
En
Chile claramente se han minado las confianzas, esa misma que nosotros
sentíamos hace un par de semanas al transitar por las calles de nuestra
ciudad, la que congregaba a familias a aprovechar las ofertas de Pymes y
tiendas que se establecían en nuestro centro, aquellas que nos hacían
transitar tranquilamente por nuestras calles y que hoy desgraciadamente
algunos febriles personajes totalitarios han reemplazado con “el que
baila pasa”, recordándonos las atrocidades del régimen Nazi por parte de
las fuerzas de ocupación, esa arrogancia de un pueblo cuyos líderes
“jugaban a ser Dios” pero que terminó en una atrocidad.
Esa
misma confianza que se ha perdido en los políticos que en vez de estar
en su distrito dirigen marchas y visitan a quienes destruyeron
estaciones de Metro, como es el caso del diputado Gabriel Boric, ausente
pero presente en formas totalitarias que nos recuerdan que esta fiebre
está lejos de bajar.
No
es posible que se atente contra la libertad de expresión y prensa, como
tampoco en contra de nuestros monumentos y parece que a nadie le
importe, intolerancia hacia iglesias y héroes, si hasta Fray Camilo
Henríquez, fiel patriota y forjador de la Aurora de Chile, nuestro
primer periódico nacional, ha sido parte de vandálicos actos en este
tiempo.
Las
marchas en nuestra Historia han sido una constante, muchas de ellas han
logrado ser puntos de encuentro como “La Marcha de la Patria Joven” en
los 60, pero los grados de violencia, vandalismo y delincuencia están
lejos de ser demostraciones pacíficas, son demostraciones de un
pensamiento totalitario que genera acciones despreciables, lo peor que
podemos hacer es perder la capacidad de asombro y olvidar que la gran
mayoría de los chilenos queremos trabajar en forma libre, en paz y
buscando nuestra propia felicidad.