El
21 de mayo representa para el país una fecha especialmente señalada.
Marineros chilenos en plena Guerra del Pacífico pensaron más en la
patria, antes que en sus propias vidas. Tuvieron presente el peligro que
resultaba para el país el perder una guerra cruenta contra dos
potencias extranjeras. Pospusieron sus propios intereses y ofrendaron su
vida por un interés superior. Arturo Prat entendió que si debía
enfrentar la muerte para dar gloria a Chile, lo haría. De esta gesta se
habla hoy muy poco. Las tropas de la Armada cada año desfilan ante los
habitantes del país para recordarles que el país está primero, como nos
enseñó Prat y su tripulación. Además, el mes de mayo es conocido
oficialmente como el mes del mar, en homenaje y recuerdo del Combate
Naval de Iquique, pero también como señalamiento que el mar para este
país, es fuente de recursos naturales y un espacio que se debe
resguardar.
Hoy,
cuando las ideologías están por sobre toda consideración, debemos
reiterar, aun a riesgo de majaderías, que los altos intereses de la
patria están primero. El ser nacional, con sus costumbres, tradiciones,
cultura, historia, gentes, nos distinguen del concierto latinoamericano.
Por lo mismo, debemos cuidar nuestra identidad y nuestros valores.
Lamentablemente ideologías ajenas al ser nacional, pretenden imponerse y
llevar al país a un destino impropio y perverso. Ideologías que como
cantos de sirenas, quieren hacer creer que la libertad no es algo por lo
que se deba luchar cada día. Pretenden hacernos vasallos del Estado,
deudores vitalicios de organismos estatales, mientras quienes lo dirigen
viven vidas alegres y acomodadas.
Es
posible ver con estupor que en los colegios el sentido patriótico se ha
ido perdiendo. Modas extranjeras altamente disolventes reemplazan
nuestras tradiciones. Poco y nada se exalta la historia patria y lo
mucho que hemos conseguido como nación. La sana tradición de entonar el
himno nacional los días lunes a primera hora en los colegios, en algún
momento fue suprimida. No se educa en los centros educativos para servir
al país, para que los jóvenes sean un aporte. Se omite decir que el
país se construye entre todos y que por lo mismo, debemos estudiar y
trabajar para enaltecer a la patria. Un país fuerte y desarrollado, nos
sirve a todos. Más aún, se privilegia la ideología de género, la
sexualidad temprana, el igualitarismo a todo trance por sobre el mérito,
la responsabilidad y el esfuerzo, valores que fueron distinguiendo a
este país y por lo mismo, respetado en el mundo.
Si
bien se observa, una generación de jóvenes alcanzó el poder enarbolando
banderas partidistas y despreciando al país. Azolaron el territorio
nacional para alcanzar sus objetivos políticos. No trepidaron en
derribar estatuas y monumentos nacionales como señal de desprecio por
nuestra historia. Quemaron y atentaron contra iglesias para demostrar
que su deriva política no conoce Dios ni ley. Hablarles de cómo se forjó
Chile en sus más de doscientos años de nación independiente, les parece
aburrido y especialmente, contrario a sus intereses ideológicos.
Por
eso la tarea que se viene para el próximo gobierno, es gigantesca;
enorme. Por eso urge cambiar el rumbo del país y esto supone como
primera medida, reemplazar en elecciones, a quienes hoy nos gobiernan.
No es tiempo de darse gustitos personales o partidarios y lanzar
aventuras electorales afectando el objetivo esencial, que es salvar al
país. El país está primero, como nos enseñó Prat en horas difíciles para
el país.