Perder todo y necesitar todo

¿Lo imaginan? Ni más ni menos es estar o quedar en cero, casi. Comenzar de nuevo, quizá con algo o nada de esperanza. ¿Qué escenario es este? Refiriéndonos a materialidades, el de un hecho trágico, como un incendio, un seísmo magno, un conflicto bélico, no más. Así, de un momento a otro, sin tener dominio o control, sin quererlo, buscarlo ni desearlo, sin saber qué pasa, de tener algo, para no decir de todo, sí, perderlo todo y, del mismo modo, radicalmente, necesitar todo. 

Perderlo todo y necesitar todo, expresiones duras, francas, llanas.

Ya cuesta imaginarlo y, luego, conmueve, emociona, entristece, descompone, todo a la vez. 

Perder todo, lo que se soñó, lo que se reunió, lo que se deseó, lo que se construyó, lo que se consiguió, lo que se heredó, lo que se adquirió, todo, todo eso, se perdió, nada queda de aquello, se desmoronó, como castillo de naipes, se vino abajo, no quedó mono parado. ¿Qué desgracia, no? 

Lo que no ha de morir, lo que no se ha de extinguir es la esperanza, entendida esta no como una actividad pasiva, despreocupada, desaprensiva, sino interesada, presta, laboriosa, interesada, expectante, activa. 

La esperanza es el cimiento, es el pilar, es la raíz. Basta que esta se genere en uno, para que se irradie, para que una, ligue y se erija contagiosamente en otros. ¿Cómo hacer que brote? Con el ejemplo, con la acción, con el estímulo verbal, también, de manera incansable. 

A la esperanza se han de ligar el tiempo y el espacio. Las horas, los días han de ser un buen aliado, con ellos, se ha de otear el horizonte, poner la mirada en lontananza, allá donde el sol amanece, allá donde el sol se pone y descubrir así cuán productiva ha sido la jornada, cuánto se ha crecido, cuánto se ha edificado. 

Lo forjado toma más valor si se irradia, si se convida. Más si es de dos, si lo obrado es en comunión con el prójimo, sin condiciones, sin ventajas. Lo único que ha de importar es la mancomunión, es decir, unir personas, unir fuerzas en pro de un nuevo comienzo, de un nuevo estar, de un fin común.

Eso sí, el propósito debe ser comedido, prudente, en la medida de las fuerzas, de uno, de otro, de todos. El atolondramiento puede conspirar, afectar el logro, minar la meta. 

Lo mejor es paso a paso. Podríamos aplicarnos con la conjugación de algunos verbos, ojalá en primera persona singular o en primera persona plural, ¿cuáles? Sugiero estos: crear, sentir, soñar, amar, descubrir, confiar, reír, escuchar, viajar, comprender, creer, imaginar, vivir,… En general, son buenos insumos para hallar nuevos equilibrios o sostenimientos vitales.

Perder todo y necesitar todo es partir de cero (casi), empero si hay vida, hay esperanza, ella genera confianza y se abriga un nuevo mañana.

¡Dios los bendiga!

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