No
hay tolerancia. En los últimos dos años en Chile hemos experimentado un
proceso lleno de hostigamientos, desconfianzas y descalificaciones.
Desde diversos sectores políticos, económicos y sociales se han
expresado opiniones que han agitado más aun el ambiente, y de ello hemos
sido testigos acá en la Región de Magallanes y Antártica Chilena. Hemos
experimentado en nuestra zona un proceso nunca antes visto, con
odiosidades inexplicables. Y por si fuera poco, a ello enfrentamos
contingencias tremendamente complejas, como la pandemia del coronavirus.
Lo que estamos viviendo es una crisis de magnitud superior y con escasa
gobernabilidad, porque la “clase política” no ha estado a la altura de
las circunstancias y, muy por el contrario, ha desoído procesos de
entendimientos en torno a objetivos fundamentales de bien común. Desde
hace años prevalece un clima de desconfianza, que a veces nos damos
cuenta acá en Magallanes que se ve traducido
en hostigamiento constante y afanes descalificatorios, algo nunca antes
visto en nuestra bella historia regional, acostumbrados a convivir
transversalmente y aceptando nuestras grandes diferencias. Hoy asistimos
a la máxima intolerancia. La polarización de la política es una
predominante, con sectores intransigentes que lindan en el dogmatismo
ideológico y han llegado a deslegitimar el orden imperante, con
chantajes públicos y amenazas. ¿De qué estamos hablando? El Gobierno
también ha cometido numerosos errores en la conducción, pero también las sublevaciones obstruyen la unidad que el país necesita.