Y es que en este caso y con toda propiedad podemos exclamar sin temor a equivocarnos que, “cada día trae su propio afán”. Y es cosa nada más, de revisar las síntesis noticiosas que nos entregan los diversos medios de comunicación, para arribar a lo expresado con anterioridad.
Aún no nos recuperamos de la enorme impresión causada por el alevoso, injustificado y cobarde ataque sufrido por unos jóvenes natalinos y en donde la peor parte la saca al parecer, quien menos tenía que ver con la situación. En un acto de fidelidad, lealtad, amistad o simplemente, por solidarizar.
Y tal hecho no deja de centrar nuestra atención, dado que deja de manifiesto el grado de violencia manifestada por quienes son parte de ésta riña y que seguramente fue agravada o incentivada por la ingesta alcohólica. Con el agravante, de la participación de ahora ex Funcionarios de nuestra policía uniformada. El hecho en sí, debe hacernos meditar muy en conciencia y con la seriedad que el caso amerita la razón o motivo del por qué la sociedad hoy en día a perdido la capacidad de diálogo y prefiere el lenguaje de la violencia inusitada e incontrolable.
Qué hace hoy, que el género humano escoja el camino de la brutalidad como solución a sus diversos conflictos. Y lo que menciono es tan válido como la situación en cuestión, como la que ocurre como “violencia intrafamiliar”. Cuando uno piensa un poco e imagina lo que ocurrió en ese sábado fatídico, puede plantearse un escenario en donde tal vez surgieron ofensas, improperios, palabras más o menos, los típicos garabatos, amenazas, desafíos. . .Etc. Etc. Y seguramente el hecho no pasaba más allá de ofrecer una disculpa o reconocer algún error que eventualmente se pudo haber cometido, estamos en el plano netamente especulativo. Pero no fue. . . ¿Por qué?
Pueden surgir miles de razones y especulaciones pero sólo quienes fueron parte de éste dramático episodio podrán responder en su momento. La intención, al traer este caso es para resaltar una actitud que dentro de todo el dolor e incertidumbre que vive la familia de Gonzalo, destaca la figura del padre y quien apunta a exculpar a una Institución que considera no debe ser arrastrada o enlodada en el juicio público que se levanta al calor de los acontecimientos. Ese gesto, es una enorme lección de vida para todos nosotros. Un padre que observa que el tiempo transcurre inexorablemente y no tienen claridad como familia, del destino final de su hijo. No obstante ello, se da el tiempo para esbozar un gesto de misericordia y de bondad, hacia quienes la comunidad hoy pretende hacer parte de un hecho lamentable.
Para don Alejandro, la rabia, la impotencia y otros sentimientos que pudiesen aflorar no alcanzan a cegarle y tiene la capacidad para expresar ¨ No hay que condenarlos a todos, porque no todos son iguales. . .¨
Difícil para quien enfrenta una situación como la conocida, expresar sentimientos de bondad y misericordia. Cuándo los discípulos discutían con Jesús el tema del perdón, uno de ellos se atrevió a consultarle al maestro: . . . ¿Cuántas veces debo perdonar a mi enemigo? Y la respuesta fue: “setenta veces siete”.
Hagamos el ejercicio e intentemos ser tolerantes e incluso con aquellos que difieren en su pensamiento con los nuestros. Tarea difícil, pero no imposible. La sociedad requiere de un esfuerzo en conjunto para poder sobrellavarla y que no seamos sobrepasado por los males que le aquejan.