Aviadores, militares y algunos civiles se habían unido para derrocar al
gobierno de Juan Esteban Montero, que había sido electo con un 64% de
preferencias hacía apenas 6 meses. Se trataba de un gobierno democrático y
respetuoso de las leyes, pero las dificultades que sufría nuestro país como
resultado de la gran crisis mundial de 1929, envalentonaron a estos audaces a
tomarse el poder.
Tras varios muertos y decenas de heridos, destruyeron la democracia para
proclamar la “República Socialista”. La
Junta de Gobierno implantó la dictadura.
Disolvieron el congreso, declararon el estado de sitio y censuraron la
prensa. La lucha por el poder fue implacable.
Tras apenas 12 días del golpe, dos de sus protagonistas- Marmaduke Grove
y Eugenio Matte- fueron relegados por sus camaradas a Isla de Pascua y Carlos
Dávila se hizo del poder total como “presidente provisional de la república
socialista de Chile”.
Los sediciosos padecían lo que Hayek llamó la “fatal arrogancia”. Se creyeron capaces de resolver los problemas
que sufría el país mediante la aplicación de medidas coactivas de “ingeniería
social”, para ordenar el mercado y la sociedad.
Tomaron fuertes medidas estatistas para mejorar las condiciones
económicas. Pero todo fracasó porque
resulta imposible que alguien pueda hacerse de toda la información o
conocimiento que se requiere para cumplir con su deseo de mejorar el orden
social.
La situación económica empeoró y la gente empezó a organizar cada vez más ollas
comunes. A pesar de sus medidas
populistas, la dictadura socialista perdió el apoyo civil y también de la
fuerza militar que lo sustentaba. Carlos Dávila renunció el 13 de septiembre a
la presidencia, asumiendo en su reemplazo el general Bartolomé Blanche, que
llamó de inmediato a elecciones. Entre los golpistas más destacados se
encontraba Arturo Merino Benítez, que durante la dictadura socialista ocupó el
cargo de Comandante en Jefe de la Fuerza Aérea Nacional.
Fue uno de los gestores del golpe del 4 de Junio contra el presidente
Montero y para evitar el fin de la república socialista, trató de oponerse por
la fuerza a los planes de Blanche. Tras declararse en rebeldía como comandante
de la Fuerza Aérea, Merino Benítez fue capturado por tropas del ejército y tuvo
que ser dado de baja para que el plan de normalización del país pudiera
concretarse.
Nadie hace referencia ahora a estos acontecimientos ya completamente
olvidados. Hoy no habrá marchas de protesta por lo ocurrido hace 85 años. No
veremos encapuchados cometiendo desmanes ni “guanacos” tratando de
dispersarlos. No hay recuerdos que tal
cosa haya ocurrido como forma de protesta por este quiebre de la
democracia. Tal vez porque en esa
oportunidad los socialistas fueron los victimarios. Los hechos han sido olvidados y sus
protagonistas perdonados, como queda demostrado al considerar que nuestro
principal aeropuerto lleva el nombre de uno de los mayores responsables de la
destrucción de la democracia en aquella época: el comandante Arturo Merino
Benítez.