De
acuerdo con datos publicados por la Organización de las Naciones Unidas
(ONU), aproximadamente 1 de 6 personas mayores de 60 años han sufrido
algún tipo de abuso en sus entornos comunitarios. Esta situación es
compleja, si se considera que el envejecimiento de la población es una
realidad en todo el mundo.
En
el caso nacional, según información oficial, el 30 por ciento de las
personas mayores han sido víctimas de algún tipo de maltrato.
Lamentablemente, poco sabemos o conocemos de esta situación; porque no
se publica suficientemente sobre el tema, porque no forma parte de
nuestro entorno más cercano o simplemente, porque puede no ser una
situación que nos interese. De cualquier manera, estamos abordando una
problemática que existe, que es muy real y que duele.
Duele
porque no imaginamos el daño que se ocasiona, no llegamos a dimensionar
la magnitud de lo que está aconteciendo y porque, principalmente, es
fundamental hacer algo al respecto.
En
el plano regional, tenemos que pensar que, poco más del 16 por ciento
de la población corresponde a personas mayores, con una de las tasas de
envejecimiento más alta a nivel nacional. A lo anterior, hay que agregar
que, casi 13 mil personas mayores que viven en Magallanes, presentan
alguna discapacidad, menor al promedio nacional, pero en un contexto de
una población mayor en crecimiento.
Frente
a esta realidad, es preciso poner el énfasis en la necesidad, de
adoptar una mirada y una posición acorde con este escenario. Es decir,
hablamos de un rol clave del Estado al momento de garantizar el acceso a
la salud, ampliando su cobertura y especialización de las atenciones.
Similar
situación debe ocurrir con los programas de protección social y apoyo a
las personas mayores, incorporación de actualizaciones y la extensión
de sus beneficios.
Vivienda
e infraestructura, además de factores más inclusivos, corresponden a
temas que deben tener la profunda atención de las autoridades, los
programas de gestión. Seguridad y accesibilidad, adaptación considerando
la necesaria conectividad, son aspectos a esta altura, vitales para el
desarrollo humano de la población mayor, la dignidad y el cuidado de su
calidad de vida.
Junto
a esto, no es posible dejar de lado el fortalecimiento del apoyo
emocional de las personas mayores. La salud mental, siempre en la mira
de todos pero con pocas respuestas, gestos o demostración de su
importancia.
A
todo lo anterior, como resulta lógico, debemos sumar el rol del sistema
educativo y la promoción del buen trato, la educación en el derecho, la
solidaridad y el respeto por las personas mayores, a partir, de la
primera edad y desde las aulas.