En
la Región de Magallanes y la Antártica Chilena, hay poco más de 6.500
pescadores artesanales que viven diariamente de las diversas especies
que el mar austral les brinda, de acuerdo a las cifras del Registro
Pesquero Artesanal (RPA), que son el sustento de sus familias.
La
pesca artesanal en Chile tiene una larga y rica tradición, gracias a
los 6.435 kilómetros de costa de nuestra tierra, que una variedad de
especies que son apetecidas no sólo en las mesas de nuestros hogares,
sino también en el mundo entero. Pero esta tradición se ha visto
amenazada año a año con la presencia de la pesca de arrastre de grandes
empresas, que ha significado que este oficio se vea amenazado por
desaparición de algunos recursos marinos en ciertas zonas, o la veda de
otros productos, para asegurar que no se extingan en el corto a mediano
plazo.
En
ese sentido, diversas han sido las iniciativas para dotar a los
pescadores artesanales de mejores herramientas para desarrollar su
trabajo, a través de capacitaciones de diversa índole o la entrega de
re-cursos para apoyar al sector con la adquisición de materiales y otros
insumos.
Sin
embargo, la pesca artesanal sigue siendo una “industria” dominada por
hombres, y en donde sólo 648 mujeres inscritas en la RPA a junio de este
año, que representa el 9,9% del registro. Un guarismo que debiéramos
tender a cambiar, para que cada vez sean más mujeres las que puedan ser
protagonistas con un trabajo que, tal como lo señalé al inicio de esta
columna, es el sustento de sus familias.
Un
paso positivo en esta línea, es la promulgación de la Ley 21.370 en
agosto de este año, que establece una cuota de género en la integración
de los órganos y el registro pesquero artesanal y adecúa definiciones a
un lenguaje inclusivo, donde se establece
que las políticas pesquera y de acuicultura deberán favorecer la
igualdad de derechos y de oportunidades entre hombres y mujeres dentro
del sector.
Para ello, la ley procurará eliminar toda forma de discriminación
arbitraria basada en el género; la plena participación de las mujeres
en los planos cultural, político, económico y social, y el ejercicio de
sus derechos humanos y libertades fundamentales.
La
norma también incorpora dentro de la Ley de Pesca las actividades
conexas a la pesca artesanal, como los encarnadores, fileteadores,
charqueadores, ahumadores, tejedores, carapacheros y desconchadores, que
sin ser trabajos pesqueros artesanales propiamente tal, sí son
indispensables para las faenas del sector.
Y
es aquí donde surge una oportunidad importante para que los propios
pescadores y pescadoras, como así también miembros de sus núcleos
familiares, se capaciten en otras tareas que son tanto o más importantes
al momento de vender lo que han pescado durante la jornada. Y para ello
es importante el rol del Estado de generar cursos y entregar los
conocimientos necesarios para aquello, generando un valor agregado al
producto pesquero artesanal.