Pincelazos

Se
mueven “placas tectónicas” en la política chilena. Sabemos que cuando
eso sucede en la Tierra, se pueden llegar a producir cambios dramáticos
asociados a la destrucción de lo existente. En el bloque “progresista”
la irrupción de Gabriel Boric arrasó con la carta presidencial del
Partido Comunista, tal como se desliza una pradera al movimiento
telúrico. Las réplicas siguen reordenando la superficie del planeta
izquierdo. La Lista del Pueblo también se reacomoda y no ve en el
magallánico su carta presidencial. El centroizquierda, si a esta altura
tal denominación significara algo real y de peso en la sociedad, también
se tambalea por el movimiento que viene de la sociedad. Hace tiempo
también que temblores de diversa gradación afectan a este conglomerado
que tras cada nueva elección cambia de nombre. Hay que tener presente al
respecto que en Chile la ley permite el cambio de nombre de un
individuo, pero eso no borra el pasado de una persona. ¿Logrará
imponerse Boric sobre todo el espectro progre izquierdista? Está bien
aspectado para ello; la votación que obtuvo en las primarias le dejan en
la “pole position” de la carrera presidencial en ese lado de la
política chilena.

Por
otro lado, no son pocos los que estamos viendo en un hipotético
gobierno de Boric la reedición de la Unidad Popular, con un líder que
fue incapaz de contener las expectativas creadas en las gentes. Y con un
líder como Allende, que ante su falta de conducción y firmeza fue
sobrepasado por su propia coalición. Buena parte del Frente Amplio
simplemente no le hace caso a su presidenciable. Le tienen simpatía,
pero a la hora de las grandes decisiones, le dejan solo, como al viejo
líder socialista de la UP. Camino peligroso y pedregoso para Chile, que
terminó dividiéndonos hasta el día de hoy. Mala cosa la de Boric cuando
reivindica a Salvador Allende; no vaya a ser que a la vuelta de la es
quina algunos procedan terminando la anarquía producida.

La
izquierda concertacionista, prima hermana de la derecha
concertacionista, está organizando apresuradamente una especie de
primaria, pues en las oficiales fueron repudiados. Es altamente probable
que resulte ganadora la senadora Provoste, pues su rival Narváez, que
en su momento fue ungida y enviada por la expresidenta Bachelet como la
carta ganadora, no tiene el peso político para desbancar a la candidata
del socialismo. Además, para qué otra opción socialista, si ya está
Boric copando de alguna manera esa frecuencia del dial. Quizás el peso
de la historia deje a Provoste en la misma posición de Tomic en el año
1970.

Por
el lado de Chile Vamos, devenida hoy por hoy en la derecha
concertacionista, un democristiano como Sebastián Sichel, al igual que
el democristiano Sebastián Piñera en su oportunidad, tiene atrapado a
ese sector. El derecho a pataleo es sagrado, dicen, y algunos en la UDI
quieren ejercerlo, pero la posibilidad de triunfo es primero antes que
las convicciones. Enfrentados una vez más al trance histórico, la
derecha nuevamente se alinea con la opción de otros. El resultado una
vez más será el mismo, si la historia como siem
pre se tiende a repetir. El revolucionario sobrepasa al derechista.

Quienes
más allá de su particular pensamiento político están por restablecer
mínimos de convivencia en la sociedad, y mínimos de racionalidad en las
políticas públicas, ven en José Antonio Kast el político capaz de llenar
de sentido común la acción de gobierno y a la política misma. Es de mi
parecer que la izquierda de cualquier ralea le teme a Kast antes que a
Sichel.

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