Piñericosas 2.0

En el primer gobierno del presidente Piñera se conoció como Piñericosas a las declaraciones donde cometía errores o evidenciaba algún tic. A muchos eso le pareció simpático. Un bufón de la corte tituló más de alguno. Ahora en su segundo mandato siguen las tonteras pero con otro acento. Hoy defiende lo indefendible e insiste aunque parezca ridículo, una especie de Piñericosas 2.0 pero una versión perversa.
En el último tiempo el Presidente ha asegurado que: “Estamos en guerra contra un enemigo poderoso, implacable, que no respeta a nada ni a nadie” sin aportar ni un dato serio, ni una evidencia y al parecer refiriéndose a compatriotas. Después afirmó: “He recibido mucha información, alguna de ella de origen externo, que afirma que aquí hubo intervención de Gobiernos extranjeros” y lo único que sostiene esa idea es el informe Big Data que aparte de culpar a cantantes, futbolistas y medios de comunicación de promover la violencia, no entrega información seria y probatoria de un enemigo, menos aún de una fuerza extranjera. Los fiscales han afirmado más de una vez que no hay presencia de ningún grupo organizado extranjero en ninguna de las fiscalías regionales de Santiago y del resto del país. Lo desmienten y el Presidente vuelve a insistir. La última declaración sobrepasa todo limite ético y de dignidad del cargo cuando asegura que los videos que denuncian vulneraciones a los derechos humanos son falsos, que son filmados fuera de Chile o que son tergiversados. Estamos frente un mandatario dispuesto a todo para intentar negar, empatar, enredar, sembrar dudas, minimizar o salvar el momento. Seguramente para él todo es parte de una confabulación, una invención de ese enemigo extranjero fantasma. Su insistencia en negar los hechos y buscar culpables ajenos a su gobierno nos recuerda la antigua frase “miente, miente que algo queda”.
Estamos en presencia de una antigua estrategia comunicacional cuya finalidad es infundir miedo en los gobernados a través de señalarles un enemigo capaz de poner en jaque la seguridad y amenazar la calidad de vida que ostentan y de esa forma ganarse sus mentes, corazones y lealtad (acordarse de término Chilezuela ocupado en su campaña). El Presidente seguirá insistiendo en su tesis por más ridícula que parezca porque es su forma de sostener su gobierno y acciones represivas, de mantener vigente e inalterable su modelo económico, de ganar tiempo y generar un desgaste en los manifestantes. Pero el Presidente se equivoca en creer que la mayoría de los chilenos le tendrá miedo a su enemigo fantasma. La gente perdió el miedo y quizás el único temor que le queda es el despertar mañana y darse cuenta que nada ha cambiado, temor a que las AFP ganen miles de millones diarios mientras nuestros abuelos deben suicidarse porque sus pensiones no les permiten una vida digna. La gente seguirá luchando hasta que este presidente indolente y desconectado de la realidad se abra a cambiar este sistema económico perverso e injusto. La lucha sigue.

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