Lamentablemente, casi al comenzar esta semana que está concluyendo, fuimos testigos de la compleja situación que tuvieron que vivir vecinas y vecinos del sector norte de la ciudad, tras ser sorprendido por el fuego al interior de sus departamentos. En primer lugar, compartir desde aquí para cada grupo familiar, nuestra solidaridad y acompañamiento en tan dramáticas circunstancias, y por supuesto, también para todas aquellas personas que se han visto afectadas durante los últimos días a causa de otras emergencias y accidentes.
Claramente, estoy haciendo alusión a la emergencia del pasado martes en los emblemáticos departamentos de la Avenida Bulnes. Departamentos que, con todo el paso del tiempo sobre sus estructuras, se mostraron siempre sólidos y resistentes a las extremas condiciones climáticas de la Patagonia.
Cada vez que nos vemos enfrentados ante este tipo de acontecimientos, nos preguntamos qué es lo que se puede hacer, cómo evitamos o nos preparamos, o de qué manera al menos, podemos hacer frente a hechos similares, cuando, sabemos, por más preparación, nunca estamos seguros o ajenos a que nos pueda pasar a cualquiera de nosotros.
Lo ocurrido vale para cualquier forma de emergencia, y, aunque siempre es más sencillo hablar el día después, tampoco se puede dejar de reflexionar para evitar situaciones similares.
La seguridad de las personas, en el trabajo, el hogar, lugares públicos, durante el traslado, etcétera, requieren siempre la especial atención de todos, y constituyen una zona de responsabilidades compartidas, donde todos podemos aportar.
En 2019, el Ministerio de Vivienda y Urbanismo difundió la guía Familia Preparada, elaborada por la antigua Onemi, donde se buscaba difundir el autocuidado y la cultura preventiva, pensando en aquellas familias que recibían una nueva vivienda, pero aplicada a las familias en general.
De manera sencilla pero no menos válida, el documento tenía la posibilidad de ser trabajada en conjunto con los integrantes del hogar ayudando a identificar las situaciones de riesgo o amenaza, permitiendo hacer una evaluación detallada, y al mismo tiempo, definiendo aquellos lugares de protección o zonas de seguridad, y también los roles y tareas durante la emergencia.
La verdad es que, se trata de un documento bastante útil y que bien podría ser un insumo para volver a hablar de estos temas tanto en casa como en las escuelas.
De la mano de expertos y profesionales en la materia de seguridad, es oportuno retomar estos elementos para no olvidar la importancia del cuidado y autocuidado, y de qué manera podemos reaccionar en caso de ser necesario.
Insisto en que, una cosa es el día después y otra muy distinta es estar y ponerse en el lugar del otro. Y quizás es, precisamente en este momento, cuando empatizamos mejor con nuestro entorno, es cuando de mejor manera logramos comprender la importancia y el valor de la necesidad de cuidarnos entre todos.
Y si de valores se trata, la comunicación familiar y la labor en los espacios educativos resultan ser fundamentales en la formación de ciudadanas y ciudadanos cada vez más responsables, solidarios y respetuosos.
Reiterando mi acompañamiento para las familias que se han visto dañadas y afectadas por estos recientes acontecimientos desafortunados, no dejemos pasar este momento para pensar en la manera en que podemos contribuir, hoy, con quienes son víctimas de las emergencias, y también, cómo ser herramientas para evitar sucesos similares en el futuro.