El
lunes 4 de julio se cumplió un año de trabajo de la Convención
Constituyente, y lo que parecía un desafío imposible terminó por evacuar
un documento que será sometido a plebiscito el próximo 4 de septiembre.
Ese día la ciudadanía en votación obligatoria deberá decidir entre
Apruebo o Rechazo. Y no se deje engañar, en la práctica no hay otra
alternativa, el resultado de ese día se debe respetar. Si la ciudadanía
aprueba, el Presidente deberá convocar al Congreso pleno para que se
promulgue y se jure o prometa respetar y acatar la nueva Constitución
Política de la República. Si, por el contrario, en el plebiscito gana la
opción de Rechazo, seguirá vigente la presente Constitución. Insisto,
no hay otra alternativa.
Lo
que se creía carrera ganada cuando el 78% el 18 de octubre votó por una
nueva Constitución y, en casi igual proporción, que sean ciudadanas y
ciudadanos elegidos y no parlamentarios los que la redacten. Sin
embargo, pasado un año las encuestas ponen a las opciones de aprobarla o
rechazarla en empate técnico o en leve ventaja y, aunque no le creamos
mucho a las encuestas, lo cierto es que la nueva Constitución ha perdido
adherentes. ¿Qué paso para ello? Seguro una mezcla de varias cosas en
donde la disposición al rechazo desde el inicio del trabajo de los
constituyentes de derecha, la individualidad conceptual de muchos
constituyentes, la intransigencia de otros, los autogoles de la
Convención, la falta de conducción y visión política en el proceso, la
peligrosa tesis de vincular el éxito del Gobierno con el Apruebo y,
sobre todo, una campaña permanente de desinformación, son algunos de los
factores relevantes. Sin embargo, la última palabra la tiene la
ciudadanía en el plebiscito de salida, y esperemos que en la decisión
importe más el contenido que las características y formas del proceso
constituyente.
Seguramente
al leer el texto constitucional encontraremos conceptos generales que
compartimos, algunos nos generarán dudas y otros que no nos gustarán, y
eso será normal, porque sin duda nuestros constituyentes pasaron por lo
mismo y difícilmente han quedado todos satisfechos. Debemos recordar que
cada uno de los 388 artículos de las nueva Constitución debió
alcanzarse con 2/3 en la votación de los constituyentes. Frente a ello,
hay que decir la complejidad que significaron los procesos de
negociación y la toma de acuerdos, entendiendo la composición
heterogénea de fuerzas políticas de derecha e izquierda y el mandato
ciudadano. Fue un cara o sello, en donde alcanzar los 2/3 se transformó
en desafío permanente y se tuvo que optar por la posición que más se
acercaba a la demanda social.
Por
otro lado, el pueblo demandó cambios y transformaciones, pero al
parecer le ha costado asimilarlas en este proceso, quizás por
desinformación, quizás por ser conservadores y gradualistas. A mi
entender la discusión enfrentaba el modelo subsidiario contra el Estado
Social Democrático, una Constitución limitada frente a otra con más
garantías, una Constitución patriarcal frente a otra que avanza en
paridad, una Constitución que invisibiliza nuestros pueblos originarios
frente a otra que los reconoce como nación y asocia a ello derechos. En
ese sentido, lo importante es que la nueva Constitución se hizo cargo de
las demandas ciudadanas expresadas en el estallido social, lo cual era
su mandato. Yo voto Apruebo.